Providence, 1977

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No me apasiona el cine de Alain Resnais pero me gusta mucho Providence. Paradigma del cine de arte y ensayo setentero, exquisita a nivel técnico, se me ocurren pocas películas capaces de poner tan de acuerdo a los cinéfilos ortodoxos de toda la vida con los descreídos seguidores de John Waters. Para unos y para otros, ver Providence es una experiencia sublime. Da igual que la entiendas más o menos. Está llena de ideas interesantes, algunas desarrolladas en el futuro por gente como Lynch o Greenaway, y guiños a la galería, como ese comienzo a lo Ciudadano Kane tan logrado. Las referencias a Lovecraft ya se me escapan. En mi caso, me alucina oir unos diálogos tan pedantes en boca de actores como Ellen Burstyn y David Warner en la época en la que rodaron El Exorcista y La Profecía. Lo que podía haber sido muy ridículo queda incluso creíble. Como si para ellos fuera de lo más normal hablar sobre la necesidad de crear un lenguaje moral universal en la hora del vermouth. Su presencia es lo que me ha hecho volver a verla, pero Providence es disfrutable por muchos otros motivos. La fotografía de Ricardo Aronovich es impresionante y sigue siendo moderna. De pronto los personajes se pasean por un decorado que quita el aliento. Tenemos a Dirk Bogarde. A John Gielgud, encarnación de la alta cultura, sentado en la taza del water tirándose pedos. Tenemos al hombre lobo, a un astronauta frustrado pro-eutanasia y una escena policíaca como de película de espías. Todo concentrado en 100 minutos, una duración possibility, digerible. Una vez más me ha gustado Providence, y lo más seguro es que volveré a ella en el futuro.

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2 comentarios to “Providence, 1977”

  1. Aun no he visto “Providence”. Quizá me ponga con ella estos días que tengo vacaciones.

    Mi relación con Resnais es compleja. Tiene películas que me aburren más allá de límites posibles (la archifamosa “El año pasado…”, por ejemplo, solo he podido verla entera una vez y el resto de intentos han sido imposibles y con la que me he visto metido en más de una discusión bizantina), otras me divierten (el experimento de “Smoking, no Smoking” me resulta curioso, pero creo que tiene más que ver con los actores que con el está detrás) o sus últimas comedias. La parte de los 60/70 me cuesta, la verdad. Nunca he comulgado con las grandes frases pedantes del cine francés de arte y ensayo. Aunque en ocasiones me divierten porque veo en ellas comedias involuntarias (me suele pasar con el cine de Goddard).

    Creo que me ha salido un comentario algo disperso.

    • bueno, Jorge, mis entradas también un poco dispersas, así que no pasa nada. Conoces mejor a Resnais que yo mismo. Ni siquiera he visto Marienbad.

      Providence es un guilty pleasure, no es el tipo de cine que más me interesa, pero creo que debe ser lo más potable de Resnais, y lo que la hace simpática es que no se toma demasiado en serio a sí misma. ESo sí es mérito de Resnais.

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