The Limey, 1999


Viendo The Limey, uno se acuerda de Point Blank, de Get Carter, de Tarantino, de David Lynch. La película fue responsable junto a Out of Sight (1998) del despegue de Steven Soderbergh cuando muchos ya lo daban por perdido.

Recordemos que Soderbergh debutó ruidosamente con sex, lies and videotapes (1989), una pelicula indie que  se convirtió en el sleeper de la temporada en el mundo entero y le coronó como la gran promesa del cine indie americano. Su irrupción en el Festival de Cannes fue bendecida por Wim Wenders, quien lo saludó como una de las luminarias del cine moderno. Con las siguientes películas que filmó –Kafka, The king of the Hill, Schizopolis– parecía querer cagarse en el vaticinio de Wenders, pues sólo consiguió desconcertar a la crítica y toparse con la indiferencia del público. Entonces ya se podía adivinar.  Soderbergh, no era un autor al uso, era más bien un autor que no quería ser autor. Su cine mostraba una esquizofrenia estilística que hacía difícil el ponerle etiquetas.

Antes de filmar The Limey ya empezó su reconciliación con el público y también la crítica. La culpa la tuvo Out of Sight (1998) y parece que algo sucedió por esa época que le ayudó a integrar mejor su eclecticismo con la comercialidad. Por fin, gracias a Erin Brockovich y Traffic Hollywood le perdonó todo y le abrió las puertas a una nueva etapa.

Desde entonces Soderbergh encadena rodaje tras rodaje, y con su prolijidad da la razón a los que opinan que lo importante  del trabajo es el proceso y no los resultados.

Seguramente nunca veré Erin Brockovich y posiblemente el Che tampoco, pero me gustaron mucho Bubble, Traffic e incluso Solaris. Sus más de 20 largos forman un grupo heterogéneo de géneros, estilos y presupuestos que en su eclecticismo se lo pone realmente difícil al crítico monolítico. Si yo tuviera que definir a Soderbergh diría que tiene el oficio y  la versatilidad de un John Huston, combinado con la mirada contracultural de un Robert Altman, sazonado con unas gotas del humor de un Woody Allen.

A todo esto yo quería hablar de Terence Stamp, que desde que vi Toby Dammit es uno de mis actores favoritos. En The Limey luce una espléndida madurez y borda un personaje pensado para Michael Caine.  Ahora lo suyo sería verle en The Hit.

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3 comentarios to “The Limey, 1999”

  1. Existió un tiempo de mi vida, cuando era adolescente, en el que pensaba que Terence Stamp, Terence Hill, Udo Kier y David Hemmings eran la misma persona. Hombres rubios de ojos inquietantes, silueta delgada y ademanes perversos…

    ( La semana pasada me llegó el dvd de El coleccionista, no veo el momento de verla otra vez y flipar )

    • ahora que lo dices si que se parecía un poco a David Hemmings.

      El coleccionista!! Maravillosa pelicula, tengo que volver a verla pronto.

  2. El director pierde mis respetos por contratar a George Cloney y mas para Solaris.

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