El cuerpo del delito

por El Confesor.

Instinto Básico es uno de esos filmes que aparecen cada cierto tiempo y marcan época, eso es algo que, guste más o guste menos, no se puede negar. Hay films que están destinados a ser referencias ineludibles y Verhoeven durante su etapa norteamericana nos entregó un puñado de esos títulos: Robocop, Desafío Total… y, por supuesto, el que ocupa este especial. Como todo buen blockbuster de culto que se precie, Instinto Básico se convirtió en un referente generacional y estilístico, y como tal generó un boom que tuvo como consecuencia la aparición de una serie de hijas bastardas. Esta renovada fiebre por el thriller erótico (hacía poco más de diez años que esta fiebre había vuelto de forma esporádica gracias a Fuego en el cuerpo), de un erotismo cada vez más guarro y naif, hizo que muchos realizadores se subiesen al carro de Verhoeven y Eszterhas con desiguales resultados: El color de la noche, Jade… pero sin duda el más sonado (tal vez por su condición oportunista) de todos los engendros fue El cuerpo del delito.

Entremos en materia: Cuando en 1993 Uli Edel dirigió este exploit de Instinto Básico, ya hacía unos años que había realizado su primer largo internacional (Última salida, Brooklyn), después de darse a conocer con la cruda crónica sobre la drogadicción en la juventud berlinesa que fue Yo, Cristina F., y ahora (ya como residente de los Estados Unidos) estaba inmerso en producciones televisivas. De repente sonó la flauta y el mecenas Dino De Laurentiis llamó a la puerta de su casa. Quizás pensaron que el proyecto podría haber derivado en un producto inspirado explotando la pautas marcadas por el film de Paul Verhoeven (al igual que Verhoeven, Edel es otro director europeo que hizo las maletas con destino a Hollywood) pero, como la mayoría de las variopintas películas que produjo en vida el italiano, el resultado final no dejó indiferente a nadie. El film fue vapuleado por la crítica,  que llegó a catalogar a la película como una de las peores de la historia, y obtuvo seis nominaciones en los premios Razzie (aunque tampoco podemos olvidar el detalle de que el año anterior Instinto Básico también había sido nominada en tres categorías de dichos premios), de las cuales solo obtuvo el premio a peor actriz, premio que recayó sobre Madonna.

La crítica no iba desencaminada en sus declaraciones pues el film es malo a rabiar y si ese año no triunfó en los Razzie fue porque tenía unos duros competidores (también de corte sexual) a la zaga: Una proposición indecente (clara triunfadora de la edición) y Acosada (con una Sharon Stone post-Instinto Básico). Tal vez el guión de Instinto Básico fuese lo que la crítica denomina como un guión “tramposo”, pero lo de El cuerpo del delito iba unos cuantos pasos más allá. En esta ocasión volvíamos a tener el caso de una psicópata sexual (el film se abría con una escena prácticamente calcada a la que abría Instinto Básico) con la diferencia de que esta vez la vamp de la película en lugar de usar un picahielos para matar a sus víctimas masculinas se bastaba de su propio cuerpo para completar esta acción, es decir, que los mataba a polvos(!!). Muchos os preguntaréis, ¿cómo puede ser  que una tía sea semejante bestia sexual? pues bien, la putilla en cuestión lo que hace es seleccionar a millonarios con problemas de corazón para así excitarles de tal forma durante el coito que termine provocándoles un ataque cardíaco que les mande al otro barrio y así poder heredar su fortuna. Sí, puede que en el caso de Instinto Básico el argumento también sea descabellado y disparatado (sin pasarse tanto de castaño oscuro, claro) pero el film de Verhoeven cuenta con una belleza plástica y una labor artística en todos sus aspectos que eleva lo absurdo de su historia a cotas cinematográficas altísimas (sobre todo para un producto mainstream made in Hollywood), sin embargo a la película de Uli Edel no hay por donde cogerla: un film que terminaba tirando de un esquema rutinario entre el plagio descarado de Instinto Básico y el cine judicial. Como leéis. Más allá de la anodina manera en que la protagonista comete sus crímenes (que, aún con todo, puede resultar curiosa y divertida), está la parte del proceso judicial (en esta película se cambia el ambiente policíaco de acción callejera por los tribunales) en el que todo empieza a irse cada vez más de madre hasta terminar con ese final que roza el delirio. Por lo menos para amenizar el metraje tenemos las escenas eróticas que, por suerte (y esto probablemente sea lo mejor y más destacable de la película), no son nada timoratas: el polvo-crimen inicial, las grabaciones de cintas pornográficas, la metida de mano en el ascensor, el cunnilingus en el parking o ese momento en que el abogado defensor de la protagonista deja de jugar a ser dominado por ella y toma las riendas de la situación penetrándola violentamente por el culo. Y es que puede que el hecho de que se viese la entrepierna de Sharon Stone en Instinto Básico le costase a Verhoeven un bofetón pero, en cambio, que se le viese a Madonna seguramente habría sido una exigencia de la propia diva del pop.

Siguiendo con la comparativa entre Madonna y la Stone, hay que decir que está claro que Madonna como actriz es pésima y que, por su parte, puede que Sharon Stone tampoco sea la mejor de las intérpretes pero sí que fue la adecuada para su papel (¿alguien se imagina a una Catherine Tramell sin la presencia física de la Stone?). Stone no nació para el Oscar pero sí para el cine y, sobre todo, para protagonizar Instinto Básico; Madonna ni nació para el Oscar, ni para el cine, ni para protagonizar Instinto Básico, por eso el personaje de Catherine Tramell (Sharon Stone) será recordado como uno de los más brillantes de finales del siglo XX y el de Rebecca Carlson (Madonna) no. Aunque no todo van a ser malas consideraciones para la intérprete de “Like a virgin” pues, como he sugerido anteriormente, para Madonna lo de despelotarse nunca ha sido un problema y en ese aspecto cumple con creces con lo que el papel le exige. Siguiendo con el reparto, en esta ocasión el hombre que cae rendido ante la tentación de la femme fatale no es policía sino abogado y está interpretado por Willem Dafoe que compone (en lo que es una de las interpretaciones menos memorables de su carrera) a un hombre familiar (en este aspecto difiere un poco de la cabronería de Nick Curran (Michael Douglas)) que manda a tomar por culo su vida feliz por follarse a su representada. Mejor parado sale el tercero en discordia, Joe Mantegna (el tío es un actorazo, aunque quizá éste no fuera el mejor vehículo de lucimiento), que interpreta correctamente su papel de fiscal del distrito obsesionado por capturar a la sospechosa.

También vemos pasearse por ahí a Frank Langella, en un papel poco menos que anecdótico pero con una relevancia en el juicio entre lo sorprendente y lo fuera de lugar (como trampa del guión que se nos intenta colar), pero sin duda lo mejor es encontrarnos con una irreconocible Juliane Moore tal y como Dios la trajo al mundo (por fortuna para muchos de nosotros ese mismo año volveríamos a verla de la misma guisa en Vidas cruzadas de Robert Altman) haciendo de la mujer de Dafoe.

Poco más tengo que decir sobre este Instinto Básico de cartón piedra así que voy concluyendo ya mi aportación a este especial de Doctor Insermini en el que, ahora que lo pienso, será cabrón, me ha encargado el trabajo más chungo y sucio de todos! 😉

Pd: Si tenéis un momento pasaos por el Youtube y echar un vistazo al videoclip de Bad Girl de Madonna, en el cual homenajea a su personaje de El cuerpo del delito y, además, aparece Christopher Walken haciendo de la muerte (!!)

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2 comentarios to “El cuerpo del delito”

  1. elhombreconfuso Says:

    Viendo la película y el videoclip de Bad Girl, ambos rodados el mismo año, no entiendo como Madonna dejó que la sacaran tan fea en la película!! Sale mal peinada, con mal tinte, con mala cara, con mal maquillaje, con mala iluminación, y podría seguir.

  2. Di que sí, Confesor, este post te pegaba mazo y bien chulo que ha quedado 🙂

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