Trampa para turistas

Un extraño viaje de Judy Sheppard
Judy Sheppard, reportera y viajera incansable, encontró hace un par de años esta película, Una Vela para el Diablo (Eugenio Martín, 1973). Descubrió en ella el cruel retrato de las dos Españas, una es la que acusa y ejecuta, otra es la que calla y consiente. Y le pareció que era el reverso oscuro de la comedia del desarrollismo: Mientras los maridos perseguían al turismo minifaldero, las esposas, celosas y resignadas, se daban a la venganza sangrienta. Esa España negra la dejó tan impresionada que ha decidido contar esta película para todospoilers mientras descansa, tras una increíble aventura, en el norte de África.
 
La fotógrafa Laura Barkley (Judy Geeson) viaja hacia un pequeño pueblo castellano para reunirse con su hermana May, que se aloja en la pensión Dos Hermanas, regentado por la autoritaria Marta (Aurora Bautista) y la sumisa Verónica (Esperanza Roy).
May escribe artículos en una revista de Arte y lleva un par de semanas trabajando en el castillo local, que alberga un pequeño museo.
Las hermanas cocinan.
Marta se queja de la calidad del cordero que le han vendido, y de como las turistas visitan el castillo casi desnudas, “si él hubiese sabido que su destino era recibir estas visitas, sus piedras se habrían desmoronado“. Verónica le recuerda que ellas mantienen abierta la pensión gracias a estos turistas. Marta le responde: “Si para ganar más dinero es preciso que el demonio viva entre nosotras, no me interesa“.
Hablan de May, de como lleva al descubierto partes del cuerpo que siempre han ido tapadas. Y de que duerme hasta las tantas.
Oyen unos gritos en la terraza:”¡Así me gustan, desnuditas!“, “¡Mira hacía aquí, rubia!“.
Marta arrastra a Verónica hasta arriba.
May está tomando el sol en bikini mientras lee unos papeles. Los gritos vienen de un grupo de lugareños que están en la terraza de enfrente. Y parece que son invisibles para May.
Cuando Marta la ve, entra en cólera, la tapa con una sábana y la llama desvergonzada. Cree que quiere escandalizar al pueblo con su actitud y le pide que se marche de la pensión.
May le recrimina su locura mientras Verónica contempla la escena sin hacer nada.
Marta empuja a la rubia turista al interior de la casa con tal fuerza que tropieza y cae por las escaleras, rompiendo una vidriera por el camino.
Verónica le toma el pulso y certifica su muerte. Para ella ha sido un accidente. Para Marta en cambio “ha sido un castigo, un castigo de la providencia“. Y para demostrarle que está en lo cierto, le enseña un trozo de vidriera ensangrentado a su hermana, en el que se ve una espada.
Llaman a la puerta. Es Laura, que ya ha venido para ver a May. Mientras Marta esconde el cadáver y la maleta con sus cosas, Verónica la recibe.
Laura pregunta por su hermana. Le dice que se ha marchado por la mañana, sin decir adonde iba, y que se ha llevado todo. Laura se extraña, había quedado en reunirse en la pensión con ella. Alguien baja las escaleras. Es Marta, que ya lo ha recogido todo y ha dejado la habitación ordenada para la nueva huesped: “La habitación está lista para usted. El lema de esta casa es el orden” le dice.
No sabemos si esto que dice es del todo cierto, porque deja la puerta de la habitación donde está May abierta, y vemos que esta yace tirada en el suelo de cualquier manera.
Menos mal que Verónica está en todo y se apresura en cerrar bien antes de que Laura la descubra.
Mientras están arriba, Marta merodea por el patio buscando la forma de deshacerse del cuerpo. Tras un profundo ejercicio de observación, intentando encontrar posibles escóndites de cadáveres, decide que la mejor opción es incinerarlo en el enorme horno que hay en la cocina. Aprovechan para hacerlo cuando Laura va a dar una vuelta por el pueblo.
No les dice que aparte de hacer turismo intentará averiguar el paradero de su hermana, preguntando en el parador local, en las paradas de autobuses y en la de los taxis. Sus investigaciones no dan ningún resultado, claro.
Al día siguiente va al castillo y preguntando a los guías por May conoce a Eduardo, un buen amigo de su hermana.
Cuando Laura le dice que se ha marchado a Eduardo le parece raro, porque había quedado con ella. Aprovechan la conversación para ligar un poco.
Mientras Verónica sirve la comida en el salón, Marta observa tras los visillos de la ventana a posibles victimas que salen de un autobús que acaba de llegar al pueblo.
Entre ellas destaca Helen Miller que ofrece un gran espectáculo con un baño improvisado en la fuente de la plaza.
Verónica tiene un amante, veinte años más joven que ella. Se trata de Victor, camarero de la pensión, que la espera todas las tardes durmiendo desnudo en casa.
Verónica le entrega su cuerpo, y dinero de la caja, y Marta empieza a sospechar de los largos paseos por el campo de su hermana.
Pero Marta también da misteriosos paseos.
De vez en cuando va al río, a observar a unos adolescentes que se bañan desnudos.
Después de la sesión de voyeurismo, Marta parece autocastigarse, y en pleno extásis anda entre unas zarzas que le arañan todo el cuerpo y le destrozan la ropa.
Ya es de noche en el pueblo.
El asunto del río a Marta le ha subido el ánimo, porque se ha puesto el vestido de las bodas y una flor en el pelo. Y mucho maquillaje.
Cuando entra Verónica en la habitación, le recrimina que se haya puesto así para servir la cena, con el vestido que le regaló aquel hombre que la abandonó.
Aquí empieza una discusión de las hermanas sobre actitudes incorrectas: Que si falta dinero de la caja, que si Verónica se come con los ojos al camarero cuando se cruza con él en el pasillo… El enfrentamiento termina cuando llega Helen Miller después de haber estado bebiendo en el bar.
La actitud de Helen Miller es del todo incorrecta para Marta: Lleva shorts, provoca a los jóvenes del pueblo para que tropiecen cómicamente cuando pasan junto a ella, pasea en burro delante del bar del pueblo, se sienta sobre el regazo de los pensionistas de la plaza…
Marta todo esto lo observa a través de su ventana, y le dice a Verónica que la actitud de Helen bien merece un castigo como el que recibió May.
Y recibe su castigo, claro.
A la mañana siguiente, la fotógrafa Laura pregunta por Helen a las hermanas, que están haciendo las camas.
Marta le dice que se ha marchado temprano y que no volverá. Que preferían que se fuese, porque con su comportamiento estaba escandalizando al pueblo. Laura empieza a sospechar de tantas despedidas a la francesa y se lo hace saber a las hermanas, que le dicen que si no está contenta en la pensión puede irse. Y no se lo piensa dos veces.
Bajando sus cosas ve que en el salón hay una nueva huésped desayunando. Se trata de Norma. Con ella va su hijo de seis meses. Ha llegado hace un rato. A las hermanas les parecía raro que viajase sola con su hijo, pero ella les dice que el padre no ha podido acompañarles.
Laura se despide de ella. Pero antes de irse le ofrece su ayuda si necesita cualquier cosa. Ella se hospedará en el parador, donde también vive Eduardo, el amigo de May del castillo.
Laura, con tanta desaparición, ya no tiene casi tiempo de dedicarse a la fotografía. Cuando le comenta a Eduardo que Helen también se ha marchado, este le dice que la acompañó a la pensión después de haber estado con ella en el bar, y que tenía intenciones de irse pronto del pueblo porque no encontraba la “aventura” que le ayudase a vivir bien el resto del año.
Pero Laura no está contenta con la explicación de su amigo y se va a hablar con el alcalde, ya que en el pueblo no hay policia. Al alcalde tampoco le caen bien las dos hermanas, pero no puede abrir una investigación sólo porque alguien sospeche que están liquidando a las clientes díscolas.
Las hermanas reciben la visita de Beatriz, cotilla local. Esta llega con noticias frescas. Al parecer, Norma es madre soltera. Se lo han comentado en el estanco, donde Norma fue a comprar unas postales.
Por la noche, Norma queda con Laura. Laura le comenta todo lo relacionado con las desapariciones.
Le habla de que los rastros de Helen y de su hermana se pierden en el hostal, porque a pesar de que las hermanas aseguran que se fueron sin más, nunca llegaron a coger el autobús de vuelta a la ciudad. Norma la tranquiliza, pero Laura tiene miedo. Queda con ella en que la avisará cuando se vaya, cosa que hará en un par de días.
Cuando Norma regresa a la pensión encuentra su equipaje junto a la puerta. Y su hijo no está donde lo dejó.
Las dos hermanas están en la cocina. Al preguntar por lo que está pasando, Marta le dice que la echan por no haber sabido darle un padre a su hijo: “¡No sabes ni quien es! Parir fue fácil, porque paren hasta las perras!
Tras el forcejeo para arrebatar de las brazos de Verónica a su hijo, Norma recibe su castigo.
Laura llama a la pensión por la mañana para hablar con Norma y la historia se repite una vez más. Desde la casa le informan que Norma se ha marchado por la mañana temprano.
Al comunicárselo a Eduardo, en vista de que a él no le intriga tanto el tema de las desapariciones (“¿Quién es Norma?“- le pregunta), Laura decide recorrer hasta el último rincón de la casa para encontrar la verdad de lo que está pasando en la pensión.
Y merodeando, encuentra en el sótano unas enormes tinajas donde guardan el vino.
Sus investigaciones no dan ningún resultado, una vez más, porque una siniestra sombra la sigue por la casa y tiene que escapar por el patio, trepando por el muro.
Tanto crimen inquieta a Verónica. Así que va a visitar a su amante con un fajo de billetes y le pide que se marche del pueblo.
Hora de la comida en Dos Hermanas. Beatriz, la cotilla local, se atraganta mientras come en la pensión.
Su marido, que por suerte es el médico del pueblo, encuentra algo en el plato que rápidamente envuelve en una servilleta y se lo mete en el bolsillo.
Laura está decidida a seguir investigando en el sótano, donde las tinajas. Así que vuelve a pedir habitación en la pensión, después de disculparse por la discusión del otro día. Pero, por si acaso, esta vez va con Eduardo, al que presenta como su marido.
Marta la acepta de nuevo, pero a Verónica no le parece tan bien, cree que es ella la que estuvo la otra noche en la casa.
Por la noche llega de nuevo la hora de bajar de nuevo al sótano.
Esta vez va Eduardo, mientras Laura lo espera en la habitación. Eduardo hace el gran descubrimiento dentro de la tinaja (Norma)
pero Marta lo mata rápidamente ante la aterrorizada mirada de Verónica.
Y llega el gran final. Se descubre que lo que encontró el marido de Beatriz en el plato era un ojo humano.
Así que una turba de gente se dirige a la pensión Dos Hermanas para pedir explicaciones.
Mientras, en la pensión, Laura sale a reunirse con Eduardo en el sótano, pero Marta y Verónica la amordazan y atan antes de que dé un paso.
Ella, consigue escapar de los brazos de Verónica, que la tiene sujeta, y por suerte para ella,
la gente del pueblo, con el alcalde a la cabeza, llega a la casa justo antes de que Marta vuelva a convertirse en una vengadora.
Fin.
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2 comentarios to “Trampa para turistas”

  1. Pero qué película tan tremenda y fascinante! No tenía ni idea de su existencia. Tengo que ver esta joya de la España profunda sin falta.

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