Archivos para enero, 2017

What is a Man #17

Posted in Movies with tags , on 31/01/2017 by insermini

george-c-scott-hardcoreGeorge C. Scott- Hardcore (1979)

Todo sigue igual: a propósito de Toni Erdmann

Posted in Movies with tags on 30/01/2017 by insermini

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Ya dije que este año quería enchufarme un poco más al cine que se estrena en los cines, que quería redigir mi antena y observar con interés y mirada inocente lo que se estrena ahora mismo. Hacerle una finta a la tiránica playlist y de paso mostrarme a mí mismo que no soy un cenizo, que todavía me interesan las cosas nuevas. Con ese espíritu, me fui al cine a ver Toni Erdmann, de la que prácticamente no sabía no sabía nada. Sólo me había llegado el ruido que estaba generando en el mundo premios y festivales. Es una coproducción alemana-austríaca-rumana de casi 3 horas, dirigida por una mujer, sin duda de futuro prometedor, que a lo mejor al final es sólo la nueva Lone Scherfig (por cierto, dónde anda??) o la nueva Susanne Bier (que ahora dirige TV movies en los USA).

La película empieza con una escena bochornosa en la que el señor del título recibe a un mensajero que le trae un paquete. Me asusté mucho en este momento porque si ese iba a ser el tono de la película la había cagado pero bien. Hubo risas en la sala cuando el tipo dijo nosequé de un hermano que enviaba paquetes bomba. Miré a mi alrededor. La media de edad en la sala era de 60 y pico. Yo me había gastado 9 euros. Más o menos mi presupuesto para toda una semana. Me temí lo peor. La película continuó. Miré la hora por primera vez a los 50 minutos, que se pasaron rápido, pero a la vez, ya tenía claro que aquello no iba conmigo. Toni Erdmann aborda la problemática familiar, aporta una mirada humana (dicho esto con sentido peyorativo) a la fría relación entre un padre y una hija. El padre utiliza los recursos que usaría un profesor de teatro de una Universidad cualquiera para derribar las barreras que hay entre él y su hija. Se pinta la cara, se pone unos dientes, una peluca. Hace chistes sobre tortugas. Todo muy dèja vu y muy Sra. Doubtfire. En mi desaliento me dije que si la película era una mierda, al menos debía verla hasta el final, porque había pagado 9 euros. Siempre me puede servir para hacer una entrada en el blog, pensé, muy, pero que muy abatido.

Si voy al cine a ver una película como esta, tan jaelada por la crítica y por los palmarés de medio mundo, espero algo que vaya más allá, y pienso que precisamente el tema de las relaciones familiares pide eso, una película que hable claro de una vez sobre el porqué la unidad familiar está tan demodé y es tan urgente cuestionarla. Me hubiera gustado una visión que no se quedara en la epidermis, que no fuera tan jodidamente básica y mostrara de una vez por todas lo artificial que es y lo superado que está el concepto familia. Toni Erdmann no dice nada que no supiéramos. La hija es fría, robótica, sólo le interesa trepar en las grandes corporaciones, no está interesada en tener una vida humana. ¡Pues viva ella! La entienda o no, su actitud me parece una elección personal suya y la respeto. En cambio el personaje del padre es insufrible, y se supone que para nosotros, los espectadores que hemos pagado la entrada, es el modelo a seguir. Pues bien, es un hombre horrible y verle con sus estilismos divertidos, daña la vista. Se agradece que no dé demasiados discursos, eso hay que señalarlo.

Todo este aparato de 3 horas constituye el nuevo fenómeno del cine de autor, que sólo interesará al final a jóvenes impresionables y a ese público que aún lee revistas de cine. La progresía de siempre también la celebrará, se sentirá identificada y quizá incluso se escandalice con algunas escenas. A esa gente le digo que se mire otra película alemana de los primeros 80 Taxi zum klo. Pero no quiero ser tan destructivo, reconozco que la llegada de la asistenta a la fiesta de cumpleaños me pareció muy graciosa.

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La sensación al abandonar la sala fue la misma que tengo cuando veo en la tele los anuncios de esos coleccionables sobre la cosas más peregrinas, que se repiten año tras año. Tú piensas: ¿pero en serio la gente sigue comprando estas mierdas?? Pues lo mismo me pasó con T. E. . ¿Todavia caemos en esto? Más que con la película, que al final, se deja ver, me enfado con que demos por normal que una mediocridad como esta esté encumbrada por críticos y público. Lo que al final pienso es, por favor, ¿podemos evolucionar? Yo hubiera salido contento del cine si hubiese al menos un punto de vista nuevo. Quizá el problema es simplemente que fantaseo siempre con un cine que se esfuerce por trascender el cliché, que se salga de los ciclos que desde hace un siglo se siguen repitiendo. Es todo una fantasía, porque esto no sucede ni en el cine ni en ningún otro campo o faceta de la vida. Estamos condenados a repetir los mismos ciclos, los mismos errores, a contentarnos con lo que ya nos sabemos. De ahí que un Festival como el de Cannes, en 2016, le dé el premio grande a I Daniel Blake, otra de las películas que me aventuré a ver hace poco poseído por este espíritu conciliador. Aquello sí fue un gran drama que no quiero rememorar. La película de Ken Loach, si es que alguien la ha visto, es el ANTICINE. Más de un siglo de cine para llegar a esto. Darle la Palma de Oro es como expedir el certificado de defunción al Cine. En ese marco el fenómeno Toni Erdmann es posible.

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L. T.

Posted in Movies with tags , on 19/01/2017 by insermini

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Beware!

 

Odiar una película

Posted in Movies with tags on 17/01/2017 by insermini

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Permitidme una reflexión que creo necesaria sobre el hecho de odiar y detestar una película. Pero no de odiarla y detestarla porque la has visto y te ha parecido mala. Se trata de odiar una película porque sí, porque desde el principio su sola existencia te ha resultado fastidiosa, tiene algo que te desagrada, y no puedes profundizar en las razones, porque la cosa te da tanto asco que no quieres siquiera asomarte a lo que hay detrás de esa repulsa. La inquina que le tienes es tan irracional e insondable como la que puedes sentir hacia una persona desconocida con la que coincides en un vagón de tren y te repugna a todos los niveles, tanto, que nunca en la vida te prestarías a conocerla en ningún ambiente o circunstancia. Y no me digáis que esto a vosotros no os pasa. Una sensación así, tan visceral, que nace desde la planta de tus pies y puedes sentir en la boca del estómago no puede ser errónea.

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Sucede que se ha estrenado una película de la que ahora mismo todo el mundo habla – su nombre no lo quiero decir aquí para que no mancille este espacio- hacia la que, ya en la distancia, a medida que se acercaba, sentí un rechazo frontal. Se trata del hype de la temporada, poseedor de un encanto comercial y de una fuerza arrolladora, exactamente igual que otros tantos hypes antes de este. La mayoría adora esta película, la sitúan en lo más alto de los pedestales, en IMDb tiene una nota muy muy alta, pero como es natural hay una fuerza contraria de gente que no comparte todo el ruido del fenómeno y la ataca. Es gente que ha ido a verla y no le ha gustado. No es mi caso. Yo la odio porque sí.

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Es esto lo que quería decir aquí. Cuando he atacado la película en alguna red social hay quien me pregunta si la he visto cuando realmente mi rechazo no tiene nada que ver con que esté mejor o peor. De hecho seguro que está superbien montada y  dirigida. Que la dirección de arte es maravillosa y los actores están para comérselos. A mí eso me da totalmente igual. Yo no quiero pasar el trance de ir a verla. Si lo hiciera me pasaría como a Damien en La profecía, cuando lo llevan a la iglesia y le da un ataque. Para mí esta película es el M.A.L. y punto, algo que me viene dictado desde lo más profundo de mi psique, desde el tuétano de mis huesos. No se trata de que me gusten más los musicales antiguos ni nada de eso (ayy! sí es esa). Odio esa puta película como odio a los señores que llevan sólo barba, sin el bigote, o como odio la pasta fría, con su textura viscosa y repulsiva. En nada me influye mi cultura audiovisual ni mi condición de persona amante del cine que ve muchas películas. Dejadme que la odie en paz, sin haberla visto, porque igual que a veces no podemos explicar por qué amamos una cosa, o a una persona, lo mismo sucede con las películas. Al final las filias y las fobias más viscerales son pura emoción, algo imposible de explicar.

Ping Pong Hall of Fame: James Cagney

Posted in Uncategorized with tags , on 06/01/2017 by insermini

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