Archivo para julio, 2017

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Posted in Movies with tags , on 28/07/2017 by insermini

ELLA RAINES

El clásico gay de Charles Bronson

Posted in Movies with tags , , on 24/07/2017 by insermini

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The Mechanic (1972) es un clásico del cine setentero muy querido por los fans de Charles Bronson, que en España se estrenó con el título de Fríamente,… sin motivos personales. La película cuenta la relación que se establece entre un experimentado asesino a sueldo (Bronson) y un joven con aspecto de surfero bastante pretencioso (Jan-Michael Vincent).  Un argumento original de Lewis John Carlino, un interesante guionista y director en cuya filmografía se mezclan clásicos como Seconds, joyas reivindicables como la película de gangsters Crazy Joe y la TV Movie Donde está todo el mundo. Es posible rastrear en su cine un evidente interés por la masculinidad pasada de rosca, y al menos para mí, alguien que debutó en la dirección adaptando a Yukio Mishima y firmó el guión del clásico bóller La zorra está acreditado de sobra como una personalidad a tener en cuenta cuando se acerca a un tema como las fronteras del macho-man. Será cuestión de localizar su segunda película El don del coraje (1979), en la que incide sobre el tema de la masculinidad y esa presión social que de forma pasiva exige a los hombres mostrarse públicamente como machos alfa.

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En este marco, comprendo mejor lo que he visto en The Mechanic. Una película que en su nivel más aparente es una película de acción más, otro vehículo a la medida de Mr. Bronson, pero que en un nivel más profundo, y creedme, no hay que rascar mucho, habla sobre la peculiar relación que se establece entre dos hombres muy machos, que encuentran en la violencia y en sus refinamientos el lenguaje que necesitan para expresar unas emociones que no pueden ser nombradas. No soy el primero en advertir este subtexto gay. Sólo un vistazo en google me ha bastado para comprobarlo, aunque sí echo en falta en las entradas que he encontrado sobre el tema, un detenimiento más concienzudo sobre la que para mí es una película muy radical. Su descubrimiento ha sido importante porque maneja conceptos generalmente explotados de forma tímida por el cine, que tiene que ver con los códigos que desarrollan los hombres en ambientes muy masculinos y que tipifican relaciones a las que no resulta fácil poner nombre. En este sentido The Mechanic merece ser jaleada como una película tremendamente audaz, que cumple su función como cine comercial que gusta al target masculino al que va dirigido pero que además aprovecha la imagen hipermasculina de Bronson para contarnos esa otra historia.

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Los lectores que adoráis al icono encontraréis fastidioso todo esto y esgrimiréis argumentos como que en la película Bronson visita a su enamorada y hace el amor con ella. A su vez Jan-Michel presume de su éxito con las muchachas, por más que lo que nosotros vemos de él no es otra cosa que una indiscutible fijación por daddy Bronson. Para mí, y sospecho que Carlino me daría la razón, todos estos líos de faldas significan otra cosa, son los subterfugios que el macho utiliza para reafirmar su hombría ante el mundo y ante sí mismo. Hay además una escena maravillosa, que reafirma con una contundencia nunca vista esta idea. Una escena que además de ser brutal e incorrecta en 2017, es una de las más bellas y radicales escenas de amor entre dos hombres que yo he visto en el cine.

En la película Bronson recibe el encargo de asesinar a un amigo suyo (Keenan Wynn). Cumplida la misión se produce un acercamiento entre éste y el hijo del muerto, el quaperas de aspecto atlético Jan-Michael. Desde el principio me resultó chocante la atracción que se da entre los dos. Sorprende que Bronson, un asesino frío que vive aislado del mundo, se abra sin más a este joven y lo tome como protegido. Unos dirán que lo hace por compasión, y que, cosas de la edad, le ha llegado ese momento en el que piensa en el retiro y porqué no, decide dejar que su lugar lo ocupe una versión joven y mejorada de sí mismo. Muy plausible. Pero más plausible aún resulta la otra lectura.

Bronson y el muchacho coinciden en el funeral. Éste arrastra a Bronson hasta su casa, donde ha preparado una gran fiesta. El ambiente infernal que reina en la casa no es agradable para ninguno de los dos. Una llamada de teléfono de una tal Louise les da la excusa para abandonar la fiesta. La chica que llama es una amante de Jan-Michael, que despechada por las pocas atenciones que recibe le comunica que ha decidido suicidarse y que le invita a presenciar su final. Los dos hombres acuden juntos a esta escena. La chica sentada a lo indio en el suelo hace su papel de mujer despechada y en su discurso lastimero intenta pulsar la teclas que empujen a su hombre a rescatarla de un final tan trágico. ¿Qué hace él? Ridiculizar a la mujer y pavonearse delante de su amigo del poder que ejerce sobre el género femenino. Ella, enfadada, se corta las venas. Primero de una muñeca y luego de otra. Jan-Michael se sirve una copa de vino y le ofrece otra a daddy Bronson. Mientras la chica se desangra Bronson observa la escena en silencio, no hace absolutamente nada para evitar la tragedia. Louise quiere saber cuánto rato tardará en morir. Jan-Michael Vincent bebe de su copa y sonríe. Saborea el momento. Una mujer bonita se está matando delante de él, y de Bronson.

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El logro último de este macho-man no es hacerle el amor a la mujer que le ama. Es matarla, humillarla delante de otro hombre. Bronson, fascinado, capta el mensaje. El suicidio de la joven es una ofrenda que le está haciendo, una promesa incondicional. Al aceptarla, Bronson, suscribe la misma promesa. Poco importa que finalmente Jan-Michael le entregue las llaves del coche a la muchacha y le diga que está en su mano acercarse hasta el hospital más cercano. Hubiera sido demasiado radical que finalmente muriese, pero esto no le quita fuerza, porque lo que la escena visualiza es la fantasía del macho de liberarse para siempre de la mujer, y poder entregarse sin condiciones a su mundo de hombres. Este es el tema verdadero de The Mechanic. Todavía resulta trangresora y valiente una historia como esta. Es tremendamente sexy ver en la pantalla cómo estos dos hombres desarrollan juntos su propio código. Según él las relaciones sexuales están fuera de lugar. Saben que nada les va a unir tanto como matar juntos. Charles Bronson debería estar orgulloso de tener The Mechanic en su filmografía.

One of those things

Posted in Movies with tags , on 18/07/2017 by insermini

Cinefilia Pop IG

Posted in Movies with tags , on 15/07/2017 by insermini

Cosas que subo al IG de CinefiliaPop .

Color: Rojo Supermán

Posted in Movies with tags on 12/07/2017 by insermini

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Hace bastante que quería sacar el tema. Está en todas las conversaciones entre gentes que se acercan a los 40 o que desde hace ya un tiempo, los sobrepasan, entre los que me incluyo. No conectamos con el cine contemporáneo. Que nos parece una puta mierda, vaya. Si me preguntan qué películas recientes me han gustado tengo que pensarlo un buen rato. Ahora no se me ocurre ninguna pero si me esfuerzo sé que alguna se me ocurrirá. La verdad es que esto es algo terrible, no sólo porque la cartelera nos parezca siempre un erial, sino porque uno de repente se ve alineado con todos los cinéfilos viejunos que ha conocido a lo largo de su vida. Esos que, cuando tú eras un chiquillo te decían que Indiana Jones era pura mercadotecnia yankie y que John Ford sí que tenía sentido de la aventura. No se me ocurre algo más deprimente que sentirme aunque sea por un instante como ellos, que nunca pudieron disfrutar de Instinto Básico porque ay!! si Hitchcock levantara la cabeza!

Yo, de verdad no quiero, pero es que no quiero, caer en eso ni de coña, así que aún sin ganas, intento ver cine actual y trato de disfrutarlo. Pero una cosa no puedo negar, aunque me fastidie decirlo: ahora entiendo un poco más a toda la chusma cinéfila que escribía en aquellas carteleras valencianas que leía de pequeño. Escribo este post porque creo que nadie está libre de que le suceda esto. De repente, en tu vida adulta, cuando lo tienes todo bastante claro y tus gustos se han hecho perfectamente reconocibles para tí y para la gente que te conoce bien, te encuentras con que ya sólo disfrutas con las películas que te gustan… y no son de ahora.

Todo esto puede obedecer simplemente a que a una cierta edad una persona completa el ciclo que va a fijar para siempre su gusto. Este circula por una frecuencia que a tu YO le ha llevado décadas construir, una frecuencia confortable, tapizada por millones de terminaciones nerviosas que son las que nos van a procurar placer cuando vemos algo que nos llega por ella. Yo reconozco que ciertos tonos de rojo me provocan un éxtasis espontáneo. El rojo de la capa del Superman de Christopher Reeve, el tono brillante de sus botas. Ese rojo era el producto de muchos factores que confluyeron en el momento en que se rodó la película, y que a mí me iba a afectar para siempre. Un cierto tipo de película, de cierta temperatura de color, las tendencias que dictaban la paleta de color que debía tener un blockbuster de superhéroes en ese justo momento. Mirad la capa del último Superman, es negra. ¿O no tiene capa?

Otras preguntas laten de fondo. ¿No estará el cine muriendo? Ahora la gente habla de cine muy poco. Sólo hablan del último estreno de netfliz. Las películas que se estrenan ya no dejan apenas ninguna huella. Antes podíamos vivir en una misma película durante años. Primero la estrenaban. Después la recuperabas en vídeo, la volvías a ver. Te ponías el póster en la habitación. Hasta mis hermanas, que no son nada cinéfilas, iban al cine a ver la película que se llevaba los Oscar. Ahora no saben ni qué películas lo han ganado en los últimos años.

Todo este ambiente de cambio, de ciclos que nacen y mueren todo el rato es en verdad mareante. No nos deja responder con rotundidad a la pregunta del principio de porqué nos parece que el cine contemporáneo apesta. Y yo quiero saber. ¿Apesta más que el cine que a mí me gustaba a los 18? ¿O apesta lo mismo y sólo soy yo el que ha cambiado? En mi opinión sí, apesta una poquita más, pero es natural, todo se compensa y ahora muchos talentos están trabajando para la tele, gente que antiguamente querría hacer cine. Luego está el tema de las frecuencias que cada uno hemos desarrollado. Si algo no nos llega por la frecuencia adecuada, NUESTRA FRECUENCIA, no nos va a interesar.

Hace poco leía una entrada en el blog de un muchacho que se definía como millennial (tenía que salir la palabrita) donde comentaba que a su generación no le interesa ver cine en blanco y negro, que por alguna razón le resulta muy poco atractivo (está fuera de su frecuencia, sí) y que lo identifican como un cine falto de emoción. Lo bonito del texto era que explicaba cómo había visto El halcón maltés y que le había atrapado a un nivel que nunca hubiera esperado. El joven millennial hace a continuación un desglose de la película bastante aburrido, a la manera de un profesor o un crítico de cine y en el camino señala que El halcón le ha abierto los ojos a una nueva realidad y que desde entonces está viendo más cine en blanco y negro, intentando encontrar más películas así.

Me gustó el hallazgo y me gusta ponerlo aquí como punto final. Ni todo es tan millennial ni los demás somos unos rancios sin remedio.

Playlist de verano

Posted in Movies with tags on 05/07/2017 by insermini

En un mundo paralelo las filmotecas de medio mundo se pegan para que Dr. Insermini les programe ciclos que las salve del hundimiento definitivo, ganado a pulso a base de programar con supina desgana. Mientras tanto, en este plano de la realidad, despliega una playlist de verano sólo para vosotras, queridas lectoras y lectores. Una lista que es refreshing y hot, todo a la vez.

HARLEQUIN (Simon Wincer, 1980) // ROAD GAMES (Richard Franklin, 1981)

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Un programa doble de cine australiano de los primeros ochenta es siempre un buen comienzo. Las dos películas están escritas por Everett De Roche, que es junto a Richard Matheson un role model para mí. Todo lo que lleva su firma vale la pena. Harlequin (aka Dark Forces) es una película fantástica que sortea sin mayor problema el principal peligro al se exponía: caer en el ridículo (¿¿Hay algo más ridículo que un harlequín??). Los efectos especiales y el hecho de que Robert Powell interpretara anteriormente a Jesucristo terminan de llevarla a otro nivel. Cuando la veáis me entenderéis.

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Road Games es una película que todo el mundo debería ver. El talentoso Richard Franklin nos hace un regalo que ahí es nada, ver una película de Hitchcok protagonizada por Jamie Lee Curtis. La doble vuelta de tuerca soñada. Y calor australiano y carreteras polvorientas.

TENUÉ DE SOIRÉE (Bertrand Blier, 1986)

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Mirad, en ese mundo paralelo del que hablaba la gente tomaría más en serio a Bertrand Blier y bastante menos a Olivier Assayas o al fatuo de Bonello. Blier es un director de cine heterosexual al que le gusta convertirse en maricón a través de sus personajes. Y eso es algo valiente y tremendamente didáctico, que a mí me pone bastante. En la película, Depardieu interpreta a un delincuente bisexual que quiere follarse a Michel Blanc cueste lo que cueste. Seguramente, vista en 2017, es una película incorrecta, que ofende a todos los sectores. Y eso es guay!

DEAD OF WINTER (Arthur Penn, 1987)

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Para contrarrestar el calor sofocante del verano es preciso ver cine con mucha nieve y con noches de tormenta, y si es un murder mistery, mejor, por eso Dead of Winter es una película de la que espontáneamente me acuerdo todos los veranos. Es un remake de My Name is Julia Ross, hecho con pasta y con una Mary Steenburgen en estado de gracia. Si ves esta película y no te gusta no quiero ser tu amigo ni saber nada de tí.

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