Color: Rojo Supermán

MCDSUPE EC111

Hace bastante que quería sacar el tema. Está en todas las conversaciones entre gentes que se acercan a los 40 o que desde hace ya un tiempo, los sobrepasan, entre los que me incluyo. No conectamos con el cine contemporáneo. Que nos parece una puta mierda, vaya. Si me preguntan qué películas recientes me han gustado tengo que pensarlo un buen rato. Ahora no se me ocurre ninguna pero si me esfuerzo sé que alguna se me ocurrirá. La verdad es que esto es algo terrible, no sólo porque la cartelera nos parezca siempre un erial, sino porque uno de repente se ve alineado con todos los cinéfilos viejunos que ha conocido a lo largo de su vida. Esos que, cuando tú eras un chiquillo te decían que Indiana Jones era pura mercadotecnia yankie y que John Ford sí que tenía sentido de la aventura. No se me ocurre algo más deprimente que sentirme aunque sea por un instante como ellos, que nunca pudieron disfrutar de Instinto Básico porque ay!! si Hitchcock levantara la cabeza!

Yo, de verdad no quiero, pero es que no quiero, caer en eso ni de coña, así que aún sin ganas, intento ver cine actual y trato de disfrutarlo. Pero una cosa no puedo negar, aunque me fastidie decirlo: ahora entiendo un poco más a toda la chusma cinéfila que escribía en aquellas carteleras valencianas que leía de pequeño. Escribo este post porque creo que nadie está libre de que le suceda esto. De repente, en tu vida adulta, cuando lo tienes todo bastante claro y tus gustos se han hecho perfectamente reconocibles para tí y para la gente que te conoce bien, te encuentras con que ya sólo disfrutas con las películas que te gustan… y no son de ahora.

Todo esto puede obedecer simplemente a que a una cierta edad una persona completa el ciclo que va a fijar para siempre su gusto. Este circula por una frecuencia que a tu YO le ha llevado décadas construir, una frecuencia confortable, tapizada por millones de terminaciones nerviosas que son las que nos van a procurar placer cuando vemos algo que nos llega por ella. Yo reconozco que ciertos tonos de rojo me provocan un éxtasis espontáneo. El rojo de la capa del Superman de Christopher Reeve, el tono brillante de sus botas. Ese rojo era el producto de muchos factores que confluyeron en el momento en que se rodó la película, y que a mí me iba a afectar para siempre. Un cierto tipo de película, de cierta temperatura de color, las tendencias que dictaban la paleta de color que debía tener un blockbuster de superhéroes en ese justo momento. Mirad la capa del último Superman, es negra. ¿O no tiene capa?

Otras preguntas laten de fondo. ¿No estará el cine muriendo? Ahora la gente habla de cine muy poco. Sólo hablan del último estreno de netfliz. Las películas que se estrenan ya no dejan apenas ninguna huella. Antes podíamos vivir en una misma película durante años. Primero la estrenaban. Después la recuperabas en vídeo, la volvías a ver. Te ponías el póster en la habitación. Hasta mis hermanas, que no son nada cinéfilas, iban al cine a ver la película que se llevaba los Oscar. Ahora no saben ni qué películas lo han ganado en los últimos años.

Todo este ambiente de cambio, de ciclos que nacen y mueren todo el rato es en verdad mareante. No nos deja responder con rotundidad a la pregunta del principio de porqué nos parece que el cine contemporáneo apesta. Y yo quiero saber. ¿Apesta más que el cine que a mí me gustaba a los 18? ¿O apesta lo mismo y sólo soy yo el que ha cambiado? En mi opinión sí, apesta una poquita más, pero es natural, todo se compensa y ahora muchos talentos están trabajando para la tele, gente que antiguamente querría hacer cine. Luego está el tema de las frecuencias que cada uno hemos desarrollado. Si algo no nos llega por la frecuencia adecuada, NUESTRA FRECUENCIA, no nos va a interesar.

Hace poco leía una entrada en el blog de un muchacho que se definía como millennial (tenía que salir la palabrita) donde comentaba que a su generación no le interesa ver cine en blanco y negro, que por alguna razón le resulta muy poco atractivo (está fuera de su frecuencia, sí) y que lo identifican como un cine falto de emoción. Lo bonito del texto era que explicaba cómo había visto El halcón maltés y que le había atrapado a un nivel que nunca hubiera esperado. El joven millennial hace a continuación un desglose de la película bastante aburrido, a la manera de un profesor o un crítico de cine y en el camino señala que El halcón le ha abierto los ojos a una nueva realidad y que desde entonces está viendo más cine en blanco y negro, intentando encontrar más películas así.

Me gustó el hallazgo y me gusta ponerlo aquí como punto final. Ni todo es tan millennial ni los demás somos unos rancios sin remedio.

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Una respuesta to “Color: Rojo Supermán”

  1. Pues yo podría decirte dos “Modernas” que me han parecido obras de arte: “Amour” de Haneke y “Carol” de Haynes.

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