El futuro

tarzan

Termina el año y quiero poner el punto final a la línea argumental con la que empezó. Me preguntaba si el cine contemporáneo apestaba tanto como a mí y a tanta gente que conozco nos parecía, y si la desconexión que sentimos hacia él tenía solución. Mientras otros rechazaban de plano todo lo nuevo que nos llegaba, yo, temeroso de caer en lo cenizo hacía promesas de ver con un espíritu “openminded” las cosas que llegaran. He mantenido este espíritu digamos que moderadamente, porque, a quién quiero engañar, lo que a mí me pone, lo que me hace flippar es lo de antes, el territorio que yo encuentro cargado de emoción. Con todo, picoteé aquí y allá y sondeé a amigos y conocidos sobre su actitud hacia el cine contemporáneo. Había una división clara, la gente de treintaypocos hacia arriba nos inclinábamos a decir que sí, que el cine de ahora apesta, los millenials y post-millenials no acababan de entender nuestros dilemas. “Hay series buenas ¡¡y películas!!” Quiero poner un poco de orden entre tantas ideas e impresiones y poner el broche al tema. Para ello vais a dejar que me ponga reflexivo y hasta en plan visionario.

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Nadie discute ya que el cine ha perdido su lugar principal. Esto es así porque ahora hay en juego muchas otras pantallas, mayormente las de los teléfonos, que secuestran mucho de ese tiempo que antes dedicábamos a ver una película. Las revistas, los festivales, los medios que hablan de cine, no lo quieren ver y hacen como si todavía estuviéramos en los 90, siguen hablando como si a TODO el mundo le importaran todavía las películas. No es así. Algunos, de forma natural, abrazan las series porque hay que ganarse el pan. De ahí a que se acuñe un término tan feo como el de “seriéfilo”. ¡Qué repelús! Así que ahora vemos series. Una tras otra, engullimos la zanahoria que Netflix nos pone delante y tal como la hemos consumido, la olvidamos. Queremos estar a la última. ¿Dónde queda el cine? Pues lejos. En el nuevo escenario es como una lluvia de verano que no llega a mojar el suelo. No deja ninguna huella. Ya lo dije en algún post anterior, antes podías vivir en una película meses, años. Ahora no.

El cine necesita una audiencia, público que pague la entrada, y el target principal ahora es millenial y post-millenial. Estos muchachos y muchachas han mamado otros referentes que no son los nuestros. Sí, me refiero a la gente de más de treintaypocos. Los millenial han venido a significar un gran y definitivo reset para los que han sido nuestros referentes. Ellos no los conocen y sólo a unos poquitos les interesa descubrirlos. De repente, los que tenemos 40 somos nonagenarios a sus ojos. Esto no es malo. Un reset es siempre saludable. ¿Molesta? También. ¿Me interesa a mí lo millenial? En general no, pero es que tampoco soy el target. Sí me disgusta que estos cachorros sólo conciban ya la pulcritud como manual de estilo y la corrección como el único tono. Es aburrido.

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Al cine le está pasando lo que antes les pasó a las revistas. Que se han hecho invisibles. Están ahí expuestas en el kiosko pero ya no las vemos. Se han vuelto baratas, no nos dicen nada y no nos dejan ninguna huella. Tú coge una revista de los 40, 50, 60. Son todas preciosas, puedes casi enmarcar cada página. ¿A quién le importan hoy las revistas? ¿Por qué siguen existiendo? El futuro del cine también es desalentador. Ha perdido su colorido, su textura, su variedad. El plano siguiente entra siempre en el momento justo. No veo a ningún Russ Meyer, ni a un William Lustig, ni a un Henenlotter. Todo va a ser franquicias y superhéroes. Películas de autobús. La luz será perfecta. Hasta los directores serán todos tremendamente guapos y fotogénicos. Esto no es ninguna bobada. La de dirigir películas ha sido una profesión donde tradicionalmente han abundado los directores poco agraciados físicamente. Los directores feos fueron legión, y lo mismo les pasaba a los críticos. ¡Ahora no! ¡Ya son casi todos muy guapos y guapas! Gente guapa haciendo series, películas y programando, escribiendo. En este nuevo orden, los que hemos conocido lo de antes, nos vamos a sentir incómodos. Nos va a parecer que todo apesta. ¿Qué coño significan tantas películas de gente musculada con superpoderes?

Lo que es a mí seguiré mirando de reojo lo que se estrena. No me disgusta del todo el nuevo panorama. Me gusta que unos ciclos mueran y empiecen otros. Aunque los de ahora duren una semana y no 30 años como antes. También me divierte pensar en el abuelo cebolleta enfadado porque la gente ya no quiere a Billy Wilder. ¡Pues que le den! A mí tampoco me gustaron nunca sus comedias. ¿Quién se acuerda de Blake Edwards? ¿De Jack Lemmon? Mi sobrino de 15 años no sabe quién es Steven Spielberg. No sabe quién es E.T.

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Post-millenial después de ver un capítulo viejo de Los Simpson.

Cine contemporáneo. ¿Puedo citar películas estrenadas en 2017 que me hayan gustado? El amante doble, Logan Lucky, Verónica, Rester Vertical, The Greasy Strangler, Free Fire, Prevenge, Contratiempo (¡viva Oriol Paulo y el serpentine thriller!), It Comes at Night, Ma Loute. El peor viaje lo tuve viendo Spiderman: Homecoming y I, Daniel Blake. La cara y la cruz. Palma de Oro. Casi vomito.

 

 

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