La verdadera utilidad de Godard

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Me ha divertido bastante Le redoutable, película que cuenta la relación de Godard con la actriz Anne Wiazemsky. No sé si ha funcionado bien en la taquilla en Francia o en algún otro país. Desde luego en España ha sido vista y no vista. Es sintomático que una película que se atreve a poner en escena un impersonator de JLG no haya despertado otra cosa que indiferencia. En la gravedad post-millennial una película así no tiene mucho peso. Se la lleva una suave brisa antes de que nuestra limitada ventana de atención llegue a percibirla. Yo mismo hubiera pasado de ella, porque ya lo habréis notado, no soy devoto del cine de Godard, pero el título que los distribuidores españoles le pusieron -Mal genio- me la presentaba como algo que podía valer la pena. La personas que están siempre cabreadas son la mejor materia prima para una comedia.

La película se inspira en un par de libros que la actriz escribió sobre su idilio con el genio suizo, que duró más o menos una década. Se conocieron en la época en la que este ya había filmado sus películas más potables. Anne y él colaboraron por primera vez en La chinoise. Según veo, a los fans de Godard les ha molestado en general esta película, no tanto por la imagen de cascarrabias que da de su ídolo sino porque se atreve sin ningún pudor a aplicar en su narrativa los trucos y ocurrencias más icónicos de la filmografía godardiana. ¡Cómo han osado! Me parece oir gritar a una muchacha con una gorra de fieltro verde que se declara maoista cuando va borracha y que ha visto Banda aparte (en realidad la ha visto a trozos, porque en el fondo, le aburre). ¡Banalizar a Godard! ¡En una película comercial que además es mediocre y burguesa! A mí esto me dio un poco igual, aunque me doy cuenta de que al recrear estos tics y estos juegos lo que hace la película es ponerlos en su sitio. No son un genialidad, como los casposos de filmoteca proclaman. Son ocurrencias, como las que podemos tener tú y yo.

El verdadero mérito de la película es apostar por Jean-Luc Godard como personaje cómico. Su constante intensidad, sus rabietas, su contradicciones, su fatuidad componen un personaje ridículo y siempre tronchante. Tampoco es que la película le deje tan mal parado, porque al reirse de él, lo humaniza y hace que olvidemos al “artista” cretino. Yo salí del cine un poco reconciliado con él y con ganas de más. La verdadera utilidad de Godard la hemos descubierto ahora, cuando hace ya muchas décadas que a nadie nos importa lo que filme, lo mejor que podemos hacer con él es convertirlo en caricatura, en tira cómica, en personaje central de una sitcom.

 

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