Archivos para Blogger Invitado

Dr. Insermini meets Fantástico Sr. Ocón

Posted in Movies with tags , on 13/04/2015 by insermini

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Me hace mucha ilusión tener a Fantástico Sr. Ocón como blogger invitado y aún a riesgo de desequilibrar el post, que quedaría estupendo dejando simplemente esta galería de diálogos extraídos de su Instagram, siento que tengo que decir algo más. Porque como habréis notado, siguen la senda de los diálogos que yo mismo subo por aquí y me vienen al pelo para verbalizar algunas cosas que quiero aclarar sobre Dr. Insermini y sobre la Cinefilia Pop. Vaya por delante que lo que yo llamo Cinefilia Pop no tiene una definición clara para mi ni es un concepto cerrado, prefiero verlo como un misterio, algo en constante transformación y que si lo tuviera que definir, lo más cómodo seria limitarme a decir que la “Cinefilia Pop” es lo contrario a la Cinefilia Dogmática, rollo secta que tanto me espanta, que todos los amantes del cine hemos sufrido en algún momento. La Cinefilia Pop nace como acto de rebelión hacia esos (personas, blogs, plumillas…) que repiten como loros lo que han escuchado decir a los críticos o han leído en libros que “analizan” y “pontifican” sobre cine. Esos que dicen que Fedora es una obra de decadencia en la filmografía de Billy Wilder, o que en Modesty Blaise, Joseph Losey demostró tener muy mal gusto estético. Respecto al naming, al por qué Cinefilia Pop, quiero señalar que siempre me ha dado repelús el palabro “cinéfilo” (¡yo no soy eso!) pero que en cambio la palabra “Cinefilia” me parece bella y chispeante. De alguna manera para mi significa drogadicción.

Me ha sucedido a veces leer un comentario aquí o en alguna de las redes sociales en las que está Dr. Insermini, que me hace pensar ¡¡¡horror!!! que hay gente ahí fuera, ¡¡incluso visitantes habituales!!, que todavía piensan que esto es “un blog de cine”, como pueden serlo todos esos blogs tristes que tanto detesto. Cuando eso pasa, me deprimo un poco, y lo más posible es que termine haciendo alguno de esos diálogos o collages. Por eso cuando alguien como el Sr. Ocón llega a mi blog y compruebo, por las reacciones que le provoca, por las preguntas que me hace, que ha entendido perfectamente de qué va Dr. Insermini, me emociono. Siento que lo que llevo haciendo ya bastantes años no es del todo un gran fracaso y que no estoy tan sólo. Pero es que además, a su vez, veo las cosas del Sr. Ocón -experto selector de imágenes-, y siento una gran conexión, porque aunque desconozca muchos de sus referentes -la moda y la fotografía no es mi fuerte- me llega su energía y me doy cuenta de que su criterio está muy por encima las mentes cuadriculadas que son el enemigo a combatir. Aún con todo, cuando me dijo que se había puesto a hacer composiciones a la manera de la Cinefilia Pop me dio un poco de miedo por si no me gustaban . No fue el caso, sus diálogos son divertidos, locos, tienen tensión y misterio, que es lo me gusta de este juego de relacionar fotogramas. Incluso he visto cómo llevaba el juego más allá de lo que yo mismo he hecho hasta ahora. Y en lugar de sentir que me estaba imitando lo que me pareció es que verdaderamente la Cinefilia Pop le había inspirado y que  lo que él ha hecho, me influirá seguro en lo que yo haga a partir de ahora. Gracias Sr. Ocón. ¡Viva la Cinefilia Pop!

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Unas palabras a cuento de una nueva revisión de Los señores del acero (Flesh+Blood, 1985)

Posted in Movies with tags , , , on 27/11/2013 by insermini

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Por Manolo BAngBAng

Me senté en el sofá y me dispuse a ver una versión en 720p de Los señores del acero (1985). Era la excusa perfecta. Había visto la peli hace algo más de veinticinco años, con motivo de su estreno en cines en España, y también la había revisado en alguna ocasión. Aviso para navegantes: soy un loco del cine de Paul Verhoeven, lo confieso. Su carrera, tanto en su etapa holandesa como norteamericana, me parece fascinante. También diré que es uno de esos directores cuya obra me encanta revisar.

Terminé de ver Los señores del acero, y me mantengo en mis trece, me sigue pareciendo una de las más duras, complejas y excitantes aproximaciones cinematográficas al tema de la Edad Media jamás rodadas. Además de todo eso, es pura diversión. Su argumento engancha y resulta trepidante, sin que el ruido y la confusión aniquilen el conjunto, tal como ocurre hoy día con la mayoría de los blockbusters. Es una película que atesora muchas cosas y que disimula su ambición bajo el manto de una aparente ligereza. Los grandes temas de Verhoeven están ahí, especialmente su negra visión de la raza humana y su tratamiento de la sexualidad femenina como elemento desestabilizador de la herencia patriarcal. En fin, que en cierto modo Los señores del acero reúne lo mejor del cine de autor y del cine comercial, por lo demás, algo observable en la mayoría, sino en la totalidad, de las cintas rodadas por Verhoeven.

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Para complementar la revisión de la película, tomé de la estantería el estupendo libro que Taschen editó hace unos años sobre el realizador holandés. Leí el apartado dedicado a Los señores del acero. Sorpresa. Mi sensación de haber visto una película redonda, francamente inspirada, se vio tímidamente amenazada por las amargas declaraciones del realizador. Mi gozo seguía siendo el mismo, por eso me sorprendió tanto descubrir que el propio Verhoeven habla de su gran película sobre la Edad Media en términos de fracaso personal.

Un flashback, Amsterdam, 1984. Paul Verhoeven tiene una bronca monumental con un responsable de la oficina de subvenciones cinematográficas que le explica muy airado la negativa del gobierno holandés a concederle más ayudas. Las instancias gubernamentales están decididas a modificar su política económica y marginar a cineastas cuyas obras resultan polémicas en exceso y, por ende, contribuyen a difundir una imagen negativa de la, ejem, Marca Holanda. Paul abandona las oficinas de mal humor, con ganas de destruir la gran puerta de cristal de recepción de una patada. Pese a la marea hostil, intenta serenarse, se enciende un cigarro y se aplasta el pelo sobre la nuca. Acaba de tomar dos decisiones. Una, que seguirá luchando para rodar más películas, y dos, que abandonará Holanda en busca de nuevas fuentes de financiación.

Su destino claro es Estados Unidos, por supuesto. Al menos, su dinero. Son días en los que Paul fantasea con la posibilidad de rodar en territorio europeo con capital norteamericano. Esa sería, de hecho, la jugada perfecta, mantener su vínculo con la vieja Europa y conseguir nuevas vías de financiación privada ajenas a los poderes institucionales.

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Escasos meses después, la suerte le sonríe. Su tesón obtiene recompensa. Orion Pictures, la entrañable productora norteamericana ochentera, que había conseguido éxitos sonados como el Amadeus de Milos Forman o el Terminator de James Cameron, le proporciona la práctica totalidad de los siete millones y medio de dólares que costará Los señores del acero y autoriza su rodaje en tierras españolas.

Verhoeven y su guionista habitual (Gerard Soeteman) tienen muy clara la película que quieren hacer. Básicamente, su premisa argumental procede de títulos crepusculares como el Grupo salvaje de Sam Peckinpah. Verhoeven quiere contar la historia de dos viejos mercenarios del medievo, Hawkwood (Jack Thompson) y Martin (Rutger Hauer), curtidos en mil batallas, cuya amistad se verá truncada por la traición y la codicia del primero. Es decir, en esta versión de la película no aparece el pubis de Jennifer Jason Leigh por ningún lado.

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Poco antes de iniciar el rodaje, empiezan los problemas. La primera en la frente vendrá del maldito capital. Los americanos quieren una historia de amor e imponen el protagonismo de la trama romántica. Le dieron donde más dolía, en la columna vertebral de su argumento. Paul se quería morir, pero la maquinaria estaba marcha. Gran plano general de paisaje mesetario. Rodaje en España. Alguien debería escribir algún día una crónica de lo que debió de ser ese rodaje. Básicamente, el puto caos. Por lo que sabemos, el equipo técnico/artístico, típica fauna de coproducción, parecía más interesado en beber, drogarse y montar fiestones en la playa que en otra cosa. Por momentos, Paul estaba convencido de que la productora intervendría y sería despedido. Día tras día, esperaba esa llamada. Él hubiese sido el primero en comprenderlo.

paul verhoeven_flesh+bloodVerhoeven se plantea echar un bacilo de peste bubónica en el catering del día

Sin embargo, la película —de todos es conocida la contagiosa energía que el realizador holandés desprende en el set de rodaje— sigue adelante. Paul esquiva los reveses e intenta salirse dolorosamente con la suya. “Dolorosamente” porque la película que ahora tiene entre manos ya no es la que tenía en mente. Como gran conocedor de la Edad Media, se trataba de un proyecto muy personal, y en estos momentos, su misión será sacar algo en limpio de aquella deriva.

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No se vayan todavía, aún hay más. Nuevos contratiempos. Es verdad que al futuro realizador de Robocop le caían chuzos de punta desde todos los frentes, pero el que más dolió, le vino precisamente de donde menos esperaba. Su estrella, Rutger Hauer se le rebotó. En aquella época, el que fuera su actor fetiche tenía puesto ya un pie en Hollywood (acababa de rodar otra epopeya medieval, Lady halcón) y deseaba instalarse en la cima del éxito. No quería un personaje trufado de ambigüedades morales. Día tras día tenía broncas terribles con su viejo amigo Paul, insistiéndole en su necesidad de interpretar a un héroe tradicional que enamorara al público. En efecto, Rutger Hauer quería ponerse en la piel de un personaje de una pieza, aprender la caligrafía del pelotazo en taquilla, así de cafre podía llegar a ser. Pues bien, cualquiera que haya visto la película, sabrá cómo quedó la cosa. El mercenario Martin, el personaje interpretado por Rutger Hauer tiene más aristas que un poliedro y, consecuentemente, Los señores del acero supuso el fin de la hermosa colaboración entre ambos.

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Una vez terminada la película, Paul Verhoeven declaró: “La relación triangular Martin-Agnes-Steven es ahora la trama principal de la película, pero mirando hacia atrás creo que deberíamos habernos centrado en Hawkwood y Martin. El error de Los señores del acero fue toda una lección para mí: nunca más comprometeré la trama principal de un guión”. Decepción. Paul se sentía decepcionado. Y por supuesto, la película se estrenó en Estados Unidos y fracasó en taquilla. El público norteamericano no entendió o no quiso entender la propuesta. No había un héroe claro, toda la galería de personajes resulta verdaderamente perturbadora. El guión de Verhoeven y Soeteman rehúye no solo el estereotipo sino las nociones absolutas y simplificadoras, como espectador propone un juego malicioso como pocos, obligándote a renegociar tus mecanismos de identificación con los protagonistas constantemente. “Pensamos que mediante la combinación del bien y el mal, los personajes resultarían más convincentes, más auténticos”, expresó el realizador en alguna entrevista. Pese a quien le pese, ahí radica una de las mayores virtudes —quizá la más excitante— del cine de Verhoeven. Los señores del acero no es ninguna excepción, un sonoro bofetón a la impronta maniquea del género de aventuras.

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A la película se le podrán reprochar detalles fútiles, anecdóticos, de cariz argumental, los típicos que llenan las bocas de nuestros amigos los verosímiles, pero el conjunto deviene asombrosamente ambicioso, a saber, una epopeya medieval, dura, realista y oscura que admite una doble lectura como fabulosa narración histórica y agudo tratado filosófico sobre la naturaleza humana. Al respecto, cabe romper una lanza a favor del personaje de Agnes (Jennifer Jason Leigh), cuya importancia y complejidad lo colocan en la estela de grandes heroínas típicamente verhoevenianas.

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A la luz de todo lo expresado, la consideración de Hollywood (y del cine por extensión), como una “fábrica de sueños” adquiere un nuevo significado. Para mí, tal y como está, Los señores del acero es un sueño hecho realidad. Sin embargo, para Verhoeven, su película soñada nunca vio la luz, permanece en un limbo repleto de títulos de realizadores dispares que jamás veremos (y mataríamos por hacerlo). De ahí nace la fascinante acepción de Hollywood como “fábrica de sueños… incumplidos”. Puedo fantasear con la película que el cineasta tenía en su cabeza. Apuesto a que era condenadamente buena. Pero lo alucinante de toda esta historia es que después de tanto caos, de tanta imposición por parte de la productora, de tanto psicodrama, de tanta amargura y decepción, el resultado sea el que es, lo que a día de hoy sigue siendo Los señores del acero. Una obra maestra. Monda y lironda. ¿Me has oído, Paul?

+ Más BAngBAng en Dr. Insermini.

Clásicos con fecha de caducidad

Posted in Movies with tags , , , , , on 18/09/2013 by insermini

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El Hombre Confuso nos trae una inesperada entrega de Todo Spoilers, dedicada a la Rom-Com ochentera, con una película que, francamente, nunca hubiera pensado ver por aquí: Al filo de la noticia (Broadcast News, 1987). La película está escrita, dirigida y producida por James L. Brooks, responsable de películas de éxito como La Fuerza del Cariño (1983) y Mejor Imposible (1997). A muchos os sonará su nombre después de verlo durante décadas en los créditos de Los Simpsons, serie de la que es productor ejecutivo.

Nos encanta que Confuso dé una continuación a su primera y tronchante colaboración en Todo Spoilers: Ladrón de Pasiones y aproveche la ocasión para abordar un tema que nos preocupa bastante últimamente: la terrible AMNESIA CINÉFILA, que como la NADA en La Historia Interminable amenaza con devorarlo todo. Sigue leyendo

Basic Instinct Hommage

Posted in Movies with tags , , on 13/05/2012 by insermini

by Stanley Sunday.

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Si quieres conocer a Salchicha y entrar en el loco mundo de Stanley pincha aquí.

Un día en la vida de Catherine Tramell

Posted in Movies with tags , on 13/05/2012 by insermini

por El Hombre Confuso.

No termino de estar convencido, pero parece que, aún así, todo está preparado. Me dispongo a vivir una experiencia extrasensorial que llevo años deseando, diría que unos veinte pero sería empezar esta aventura mintiendo y creo que no me conviene. Cierro los ojos, aprieto los puños y contengo la respiración, mientras la suave voz del vidente empieza la cuenta atrás. Three, two, one, you’re under… Una oscuridad absoluta me rodea, mi cuerpo se precipita al vacío y, al fondo del túnel, una joven rubia fuma tranquilamente en la terraza de su casa, mientras responde las preguntas de un par de policías sobre la muerte de su ex novio, apuñalado la noche anterior con un afiladísimo pica-hielo…

Unos insistentes golpes en la puerta me devuelven a la realidad. A través del cristal veo al detective Curran buscándome. Una fuerte atracción me empuja a recibirle, un instinto incontrolable parece que guía mis movimientos, sin necesidad casi ni de pensar, pero necesito un par de minutos para acostumbrarme. Siento el ligero tacto del vestido rozando con los pezones, me recojo la perfecta melena rubia y recorro la suavidad de las piernas hasta comprobar que, evidentemente, no llevo ropa interior. Me siento poderosa y segura, capaz de enfrentarme a esta nueva realidad.

Es curioso, pero soy capaz de recordar todo lo que ha pasado en mi vida, bueno, en la de Catherine. La muerte de los padres, los años de Universidad con aquella extraña chica que me perseguía, las investigaciones para el primer libro, el día que conocí Roxy o, mejor, el día en que ella me conoció, la generosa polla de Johnny y hasta el interrogatorio en la comisaría. Pienso en la persecución de anoche, cuando fui a ver a Hazel, y en el detective Curran, ¿creerá que no me di cuenta de que me estaba espiando? ¿que me desnudé por pura comodidad? ¡Qué iluso!

Recojo unos recortes de periódico de la mesa y corro a abrir la puerta. Puedo notar el principio de erección del detective con sólo mirarle, pero algo me dice que no debo precipitarme, así que le invito a entrar. Pasamos, casualmente, por mi mesa de trabajo y dejo caer el montón de periódicos. Quiero que vea todos los recortes, quiero que sepa que su suerte corre paralela a mi novela, quiero que sepa que su destino está en manos de Catherine Woolf.

Despreocupadamente desvío su atención y con la excusa de una copa, llegamos al piso de arriba. Estoy harta de tanto prolegómeno, es hora de empezar el show. Preparo un par de vasos, cojo el bloque de hielo que había dejado preparado y saco el pica-hielo metálico, idéntico al que encontraron en la escena del crimen. Con precisión y rapidez, destrozo el hielo, mientras el placer se refleja en la cara del detective. Cree que yo maté a Johnny, pero ¿acaso sería tan estúpida de repetir la escena delante de un policía? ¿o, tal vez, lo estoy haciendo por ese mismo motivo? Todavía no termino de entender la mente de Catherine, aunque, cada vez, me encuentro más cómodo en su cuerpo.

Mientras preparo los Jack Daniels, una pregunta aparece en mi cabeza. “¿Qué se siente al matar a alguien?”. Los recuerdos de los accidentes colapsan la mente del detective Curran, que contraataca hablándome de aquel profesor de la Universidad y de la pobre Hazel, como si eso me afectara lo más mínimo. Me aproximo firmemente hasta situar mis labios a escasos centímetros de los suyos. Le hablo de los tiroteos, de la muerte de los turistas y de su adicción a la cocaína, cada una de mis palabras explota en la cabeza del detective. Me agarra fuertemente por el brazo, quiere hacerme callar, cree que así borrará todos los recuerdos de su vida, aunque, en realidad, en lo único que puede pensar es en arrancarme la ropa y en follar. La tensión culmina cuando le hablo del suicidio de su mujer. Me aparta de un golpe mientras su mundo se desmorona. Miro, fascinada, como se puede destruir la entereza de un hombre en tan sólo cuatro minutos. El detective es incapaz de reaccionar.

Tal como habíamos quedado, Roxy entra en la habitación, dispuesta, como siempre, a protegerme. Ha estado espiando detrás de un falso espejo. Me lanzo a sus brazos y, mientras el detective nos mira, le acaricio suavemente un pecho. Sabe que voy a ofrecerle a ella lo que él todavía no ha podido conseguir y huye entre una mezcla de orgullo y enfado. Sintiéndome absoluta ganadora, empiezo a besar a Roxy, completamente excitada, noto como mis pezones rozan los su…

Un chasquido de dedos me obliga a despertar. El vidente me mira fijamente, intentando no bajar la vista al tremendo bulto que se ha formado en mis pantalones. Ante mi cara de sorpresa y enfado, me explica, con voz monótona y grave, que en caso de haberme dejado unos minutos más en el trance, hubiera corrido el peligro de no regresar y vivir para siempre como Catherine Tramell. Desde luego, no es una mala idea…

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De El Hombre Confuso podría decir que si su blog desapareciera, la blogosfera perdería a uno de sus astros más bellos, pero prefiero decir simplemente que yo a Confuso lo quiero mucho.

El Hombre Confuso responde

Posted in Movies with tags , on 13/05/2012 by insermini

¿Como de fan eres de Instinto Básico?

En la escala de fanatismo confuso, Instinto Básico está muy bien posicionada, por muchas razones. Primera y principal, por Catherine Tramell y su melena rubia, sus vestidos sin ropa interior, su cruce de piernas, sus perfectos pechos con sus perfectos pezones, su turbio pasado y sus novelas negras con títulos tan maravillosos como Love Hurts. Segunda, por la Dra. Garner, psiquiatra sensata y enamorada, que intenta en todo momento hacernos desconfiar de la vida intensa y libertina de Catherine, aunque todos sabemos desde el principio que su interés va mucho más allá de la psiquiatría. Y, tercera -aunque podría hacer una lista infinita-, por conseguir que Michael Douglas nos parezca un tipo atractivo, dispuesto a revelarnos que, como Sharon Stone, es rubio natural.

Dime cómo fue la primera vez que la viste (cine, vídeo, DVD, la viste sólo/a, con amigos, etc…) y cómo reaccionaste.

Por generación, Instinto Básico fue, y sigue siendo, una película prohibida para mi (en la fecha de estreno, contaba con apenas 10 años). Recuerdo el revuelo social, los debates sobre si Sharon Stone llevaba o no ropa interior, y la sensación de saber que en esa película ocurrían cosas que no podía ver y quería saber el porqué. La vi años más tarde, en televisión y supongo que en vhs, pero con la misma emoción que provoca enfrentarse a lo prohibido. Me mantuvo pegado al sofá hasta el final, deseando que todas aquellas muertes no fueran obra de Catherine y pensando que dedicarse a escribir novela negra en una enorme mansión frente al mar no era una mala forma de vivir.

¿Qué destacarías de la película?

De la película me fascina el poder que Catherine Tramell ejerce sobre la gente. Y no me refiero, exclusivamente, a la atracción sexual, sino a la capacidad de conseguir que todos y cada uno de los personajes cambien su destino con tan solo encenderse un cigarro. Desde la abnegada Roxy al desconfiado Gus, nadie permanece ajeno a la influencia de Catherine, aunque sea precisamente este efecto el que la mantiene aislada de la sociedad.

¿Cual es tu película favorita de Paul Verhoeven?

En un intento de responder a esta difícil pregunta diré que de su primera etapa, me encanta Spetters (conocida en España con el absurdo título de Vivir a tope), con sus carreras de motos, sus puestos de perritos calientes y sus jóvenes holandeses desnudos, una película que después de más de treinta años, sigue siendo igual de fresca. Y de su etapa americana, además de Instinto Básico, me quedo con Showgirls, Starship troopers (¡John Rico!); El libro negro también es de mis favoritas.

Elige ¿Catherine Tramell (Sharon Stone en Instinto Básico) o Nomi Malone (Elizabeth Berkley en Showgirls)?

Adelanto que cualquier respuesta a esta pregunta es errónea, ya que me resulta imposible decidir entre una de las dos. Pero, si mi vida depende de esta elección, debo basarme en criterios objetivos. De la misma forma que, por generación, Instinto Básico ha sido una película prohibida para mi, Elizabeth Berkley y su Jessie Spano de Salvados por la campana son un auténtico icono de mi juventud, por lo que verla, años después, encarnando a Nomi Malone es algo muy difícil de superar, incluso para Catherine Tramell. Así que me quedo con Nomi.

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El Hombre Confuso

El cuerpo del delito

Posted in Movies with tags , , on 12/05/2012 by insermini

por El Confesor.

Instinto Básico es uno de esos filmes que aparecen cada cierto tiempo y marcan época, eso es algo que, guste más o guste menos, no se puede negar. Hay films que están destinados a ser referencias ineludibles y Verhoeven durante su etapa norteamericana nos entregó un puñado de esos títulos: Robocop, Desafío Total… y, por supuesto, el que ocupa este especial. Como todo buen blockbuster de culto que se precie, Instinto Básico se convirtió en un referente generacional y estilístico, y como tal generó un boom que tuvo como consecuencia la aparición de una serie de hijas bastardas. Esta renovada fiebre por el thriller erótico (hacía poco más de diez años que esta fiebre había vuelto de forma esporádica gracias a Fuego en el cuerpo), de un erotismo cada vez más guarro y naif, hizo que muchos realizadores se subiesen al carro de Verhoeven y Eszterhas con desiguales resultados: El color de la noche, Jade… pero sin duda el más sonado (tal vez por su condición oportunista) de todos los engendros fue El cuerpo del delito.

Entremos en materia: Cuando en 1993 Uli Edel dirigió este exploit de Instinto Básico, ya hacía unos años que había realizado su primer largo internacional (Última salida, Brooklyn), después de darse a conocer con la cruda crónica sobre la drogadicción en la juventud berlinesa que fue Yo, Cristina F., y ahora (ya como residente de los Estados Unidos) estaba inmerso en producciones televisivas. De repente sonó la flauta y el mecenas Dino De Laurentiis llamó a la puerta de su casa. Quizás pensaron que el proyecto podría haber derivado en un producto inspirado explotando la pautas marcadas por el film de Paul Verhoeven (al igual que Verhoeven, Edel es otro director europeo que hizo las maletas con destino a Hollywood) pero, como la mayoría de las variopintas películas que produjo en vida el italiano, el resultado final no dejó indiferente a nadie. El film fue vapuleado por la crítica,  que llegó a catalogar a la película como una de las peores de la historia, y obtuvo seis nominaciones en los premios Razzie (aunque tampoco podemos olvidar el detalle de que el año anterior Instinto Básico también había sido nominada en tres categorías de dichos premios), de las cuales solo obtuvo el premio a peor actriz, premio que recayó sobre Madonna.

La crítica no iba desencaminada en sus declaraciones pues el film es malo a rabiar y si ese año no triunfó en los Razzie fue porque tenía unos duros competidores (también de corte sexual) a la zaga: Una proposición indecente (clara triunfadora de la edición) y Acosada (con una Sharon Stone post-Instinto Básico). Tal vez el guión de Instinto Básico fuese lo que la crítica denomina como un guión “tramposo”, pero lo de El cuerpo del delito iba unos cuantos pasos más allá. En esta ocasión volvíamos a tener el caso de una psicópata sexual (el film se abría con una escena prácticamente calcada a la que abría Instinto Básico) con la diferencia de que esta vez la vamp de la película en lugar de usar un picahielos para matar a sus víctimas masculinas se bastaba de su propio cuerpo para completar esta acción, es decir, que los mataba a polvos(!!). Muchos os preguntaréis, ¿cómo puede ser  que una tía sea semejante bestia sexual? pues bien, la putilla en cuestión lo que hace es seleccionar a millonarios con problemas de corazón para así excitarles de tal forma durante el coito que termine provocándoles un ataque cardíaco que les mande al otro barrio y así poder heredar su fortuna. Sí, puede que en el caso de Instinto Básico el argumento también sea descabellado y disparatado (sin pasarse tanto de castaño oscuro, claro) pero el film de Verhoeven cuenta con una belleza plástica y una labor artística en todos sus aspectos que eleva lo absurdo de su historia a cotas cinematográficas altísimas (sobre todo para un producto mainstream made in Hollywood), sin embargo a la película de Uli Edel no hay por donde cogerla: un film que terminaba tirando de un esquema rutinario entre el plagio descarado de Instinto Básico y el cine judicial. Como leéis. Más allá de la anodina manera en que la protagonista comete sus crímenes (que, aún con todo, puede resultar curiosa y divertida), está la parte del proceso judicial (en esta película se cambia el ambiente policíaco de acción callejera por los tribunales) en el que todo empieza a irse cada vez más de madre hasta terminar con ese final que roza el delirio. Por lo menos para amenizar el metraje tenemos las escenas eróticas que, por suerte (y esto probablemente sea lo mejor y más destacable de la película), no son nada timoratas: el polvo-crimen inicial, las grabaciones de cintas pornográficas, la metida de mano en el ascensor, el cunnilingus en el parking o ese momento en que el abogado defensor de la protagonista deja de jugar a ser dominado por ella y toma las riendas de la situación penetrándola violentamente por el culo. Y es que puede que el hecho de que se viese la entrepierna de Sharon Stone en Instinto Básico le costase a Verhoeven un bofetón pero, en cambio, que se le viese a Madonna seguramente habría sido una exigencia de la propia diva del pop.

Siguiendo con la comparativa entre Madonna y la Stone, hay que decir que está claro que Madonna como actriz es pésima y que, por su parte, puede que Sharon Stone tampoco sea la mejor de las intérpretes pero sí que fue la adecuada para su papel (¿alguien se imagina a una Catherine Tramell sin la presencia física de la Stone?). Stone no nació para el Oscar pero sí para el cine y, sobre todo, para protagonizar Instinto Básico; Madonna ni nació para el Oscar, ni para el cine, ni para protagonizar Instinto Básico, por eso el personaje de Catherine Tramell (Sharon Stone) será recordado como uno de los más brillantes de finales del siglo XX y el de Rebecca Carlson (Madonna) no. Aunque no todo van a ser malas consideraciones para la intérprete de “Like a virgin” pues, como he sugerido anteriormente, para Madonna lo de despelotarse nunca ha sido un problema y en ese aspecto cumple con creces con lo que el papel le exige. Siguiendo con el reparto, en esta ocasión el hombre que cae rendido ante la tentación de la femme fatale no es policía sino abogado y está interpretado por Willem Dafoe que compone (en lo que es una de las interpretaciones menos memorables de su carrera) a un hombre familiar (en este aspecto difiere un poco de la cabronería de Nick Curran (Michael Douglas)) que manda a tomar por culo su vida feliz por follarse a su representada. Mejor parado sale el tercero en discordia, Joe Mantegna (el tío es un actorazo, aunque quizá éste no fuera el mejor vehículo de lucimiento), que interpreta correctamente su papel de fiscal del distrito obsesionado por capturar a la sospechosa.

También vemos pasearse por ahí a Frank Langella, en un papel poco menos que anecdótico pero con una relevancia en el juicio entre lo sorprendente y lo fuera de lugar (como trampa del guión que se nos intenta colar), pero sin duda lo mejor es encontrarnos con una irreconocible Juliane Moore tal y como Dios la trajo al mundo (por fortuna para muchos de nosotros ese mismo año volveríamos a verla de la misma guisa en Vidas cruzadas de Robert Altman) haciendo de la mujer de Dafoe.

Poco más tengo que decir sobre este Instinto Básico de cartón piedra así que voy concluyendo ya mi aportación a este especial de Doctor Insermini en el que, ahora que lo pienso, será cabrón, me ha encargado el trabajo más chungo y sucio de todos! 😉

Pd: Si tenéis un momento pasaos por el Youtube y echar un vistazo al videoclip de Bad Girl de Madonna, en el cual homenajea a su personaje de El cuerpo del delito y, además, aparece Christopher Walken haciendo de la muerte (!!)

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Blog de El Confesor

Dry Martini, unos pistachos y Basic Instinct

Posted in Movies with tags , on 12/05/2012 by insermini

por Sr. Q.

Por alguna extraña razón hay películas famosísimas que yo nunca he visto. Si me pongo a analizar los acontecimientos de mi vida hay siempre flotando un algo de tardanza no estudiada ni premeditada, de posponer sin realmente tener conciencia, de dejar para otro día. Recuerdo que cuando los niños de mi clase contaban en los corrillos que se hacían pajas y les salía “pegamento blanco” (un eufemismo precioso) yo me decía a mí mismo que nunca eyacularía, que nunca tendría una erección, que jamás sería un hombre normal. Consciente o inconscientemente me atribuía a mí mismo una desgracia como de leyenda griega, un sino negro y bien marcado que me impediría desarrollarme como persona. Total, hasta que un día me toqué, me gustó, seguí tocando y por fin salió el ansiado “pegamento blanco” Qué sencilla es la vida cuando no nos empeñamos en dar más vueltas de lo necesario. Por cierto, la gente que está leyendo esto se preguntará “¿y qué coño tiene que ver las vivencias sexuales de un niño con Instinto Básico?” Pues tiene que ver, y mucho…. Y es que por azar o mediante camuflaje de mi mente que se empeña en hacer de esto una casualidad, por la misma regla de tres por la que me negaba a seguir el ritmo de la vida a la vez que después me lamentaba de ello como el personaje de una fábula desgraciada, hay determinadas películas muy conocidas que no he visto. Y si he estado pasando de canal y por casualidad me he topado con ellas, he cambiado súbitamente a otra cadena, aliviado, mientras mi mente interior (la mente que tenemos dentro de la mente y que nos engaña y chulea) me decía “muy bien hecho, que tú no has visto esa película y no es plan de tirar por la borda esta peculiaridad”. Al menos me gustaría que quede clara una cosa, cuando digo que no he visto nunca El Padrino o Grease no me vanaglorio de ello delante de nadie como si de un mariquita leído se tratara, estas cosas me las callo. A lo que voy… Instinto Básico es una de esas películas que yo no había visto. Por lo menos hasta los veintiocho años. Y tengo treinta. Manda huevos. Toda la vida viendo en la tele la imagen de Sharon Stone enseñando el coño y yo sin saber nada de la película. Hasta que un día se presentó ante mí, sin más cojones.

Fue una noche de sábado. Estaba en casa de un amigo, uno de estos días que llegas a media tarde y te pones un Martini mientras hablas y fumas, al rato haces palomitas y te echas un gin tonic, más tarde sacas unos pistachos o un dulce contrahecho, la primera marranada que salga de la despensa y otra copa, y te pones a criticar a la peña, hasta que se hacen las once, encargas unas pizzas que por pura desidia y estómago estragado combinas con Coca Cola fresca, y los dos amiguitos, medio borrachos, comidos en exceso y con un inicio de descomposición estomacal que se manifestará a primera hora del domingo enciendes la televisión. Por hacer algo. Ese fue el momento en el que me topé con un “en diez minutos empieza Instinto Básico” Mi amigo probablemente diría “¿la vemos? A mí me hace” Y yo contestaría “¿Instinto Básico? Dicen que mola. No la he visto nunca. No te estoy engañando. No pidas cuatro quesos que es un desperdicio de pizza.” Entonces es cuando a tu amigo se le iluminan los ojos ante ese ser humano virgen, virgen de determinada novela maravillosa, virgen ante una película absolutamente sensación… y te dice, porque quiere vivir esa experiencia a través de ti, volver a entrar en un terreno conocido mediante los ojos de alguien inocente “¡NO HAS VISTO INSTINTO BÁSICO! PERO BUENO, PERO QUE LA VEMOS YA, DIGO!” Y a ver Instinto Básico con los huevos ya crecidos, que se dice pronto, que me puse. Y claro, no podía ser de otra forma que yo, fan de Showgirls, fanático de esa película de Verhoeven que es mi cinta favorita del cine mundial junto a Death Becomes Her, yo, que de pequeño disfruté, creo que hasta me excité enfermizamente y cuya imagen, la de la puta con tres tetas, la de la puta enanita de Desafío Total me sigue inspirando a día de hoy… ¿cómo una persona que tiene estas dos películas de Verhoeven como dos imprescindibles de la historia del cine no iba a disfrutar de Instinto Básico? Decir que me flipó es poco. Me chifló. A día de hoy la he visto dos o tres veces más, incluso la tengo en dvd. Porque que llegara a ella tarde, bastante tarde, no significa que sea menos fan. Cuando pienso en la película es imposible pasar por alto la escena que engulle al resto de la historia, Sharon Stone vestida de blanco, poniendo nervioso al personal, provocando como una zorra de enciclopedia, como una zorra internacional de vocabulario violento y sucio refiné. Sin embargo hay otras imágenes que en mi mente también tienen presencia. Porque claro, uno es maricón. Y maricón fan de la cultura pop, formado en la adoración por el show business y la historia de la moda. Así que al cruce de piernas mítico mi mente añade ese estilo casi Max Mara de día de los noventa que luce Stone en algunas escenas a plena luz natural, una luz plomiza, nublada y maravillosa que acompaña como contrapunto a los cálidos interiores. Y la música maravillosa, hoy en día pasadísima de moda y heredera de la cultura de club que dominaba el mundo cuando la peli se grabó, esos ritmos locos y repetitivos que suenan en la discoteca en la que Stone y su “amante” femenina por no decir “juguete” se restriegan ante la mirada cachonda y perpleja de Michael Douglas, que contempla la escena con la misma estupefacción que nosotros. El lúrex de Stone, el pelo repleto de gomina mientras restriega su entrepierna con Roxy, la pobre amante que coño, luce por el día un perfecto negro que para mí lo quisiera, un retrato visual que nos lleva directamente a esos noventa en los que el talle alto del vaquero se consideraba una cosa bien. Todo esto regado con dosis muy altas de “glamour lésbico y politoxicómano”, cosa que encendió las iras de los colectivos homosexuales, esos colectivos que ya sean feministas, adventistas o antiabortistas tan a menudo son incapaces de distinguir la ficción de la realidad. Y ostia, hablando de estilos, tampoco podemos pasar por alto a Jeanne Tripplehorn, que de primeras es una profesional con gafas, como un sosias en el vestir de la Weaver de Armas de mujer, una funcionaria gris y normal que luego se revela como una especie de doble identidad. Y bastante puta, por cierto. Hay tantos momentos moda en esta cinta que es un delicia para mí, persona obsesionada con analizar usos, costumbres y épocas. Y a la vez hay tanta intriga, tanta tensión que hace de Instinto Básico un magnífico thriller, muy peculiar porque va completo de sexualidad, vicio y perversión… puro entretenimiento. Instinto Básico es una película maravillosa, que es icónica no hace falta decirlo, una cinta que en su momento estuvo en boca de todos, y que con los años ha adquirido la categoría de obra imperecedera, de imprescindible a la hora de hablar del cine de los primeros noventa. En los círculos de cine resabido y coñazo probablemente nunca tenga lugar una mención a su autor, sin embargo Paul Verhoeven es un director creador de tres cumbres absolutas, Desafío Total, Showgirls y la cinta que nos ocupa esta semana, y ha regalado al mundo imágenes antológicas. Y eso es ser muy pop y muy guay ¡qué haga más películas, por favor! ¡Y si son con Gina Gherson mejor!

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Si queréis saber más del Sr. Q. visitad su Puticlub, donde lo exquisito y lo bizarro van de la mano. Y si queréis más textos como este entrad en Qué Moderno…, un blog de moda donde comenta también películas. ¿Os acordáis de Jóvenes y Brujas?

El Confesor responde

Posted in Movies with tags , on 11/05/2012 by insermini

¿Como de fan eres de Instinto Básico?

– Quizás no demasiado pero sí lo suficiente como para tener su edición especial en DVD.

Dime cómo fue la primera vez que la viste (cine, vídeo, DVD, la viste sólo, con amigos, etc…) y cómo reaccionaste.

– En la televisión. La reacción fue de extrañeza, creo que no la entendí muy bien. Lo demás es puro onanismo.

¿Qué destacarías de la película?. 

– Muchas cosas: la realización de Verhoeven, la estética 90’s, el homenaje a “Vestida para matar”, los diálogos entre policías, el polvo del siglo, el chichi de la Stone…

¿Cual es tu película favorita de Paul Verhoeven?

– Aún no he visto todas (me quedan algunas de su etapa holandesa) pero mi favorita es “Desafío total”.

Elige ¿Catherine Tramell (Sharon Stone en Instinto Básico) o Nomi Malone (Elizabeth Berkley en Showgirls)?

– Buff… está difícil. Me tira mucho la Berkley y, ahora que lo pienso, el destino que me depararía con Nomi Malone sería bastante más agradable que con la esquizoide Catherine Tramell; además me pueden los clásicos trashies como “Showgirls” así que (aún yendo a la contra del homenaje) me quedo con Nomi Malone, ella me haría un lapdance privado y no me destrozaría con el picahielos, aunque quién sabe, de las mujeres Verhoeven siempre es mejor no fiarse.

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El Confesor es ya un viejo amigo del blog. Como experto en cine ochentero nos interesaba mucho conocer su visión de este clásico heredero de la estética ochenta’s. Aprovecho para recomendar que os paséis por su blog.

Kiss my Icepick!

Posted in Movies with tags , on 10/05/2012 by insermini

Por Nacho Palomitas.

Cuando el famoso Dr. Insermini me pidió una reseña sobre “Instinto Básico” he de reconocer que mi primera reacción fue de sorpresa porque este título ni entra dentro de mi colección particular de películas que revisitar durante las largas y duras noches de invierno, ni me parece que su director Paul Verhoeven merezca el calificativo de “auteur” (esto se tiene que decir con una voz muy engolada) sino la de un simple y maquiavélico artesano de la cultura mainstream capaz de enseñarnos como ver y hacer cine en la era de las mega corporaciones, en la era de la poética fría de las fusiones mediáticas y de los blockbusters (los taquillazos). Sin embargo a nivel personal había algo muy interesante en la propuesta de este blog decano: recordaba exacta y milimétricamente cual era mi posición de espectador cuando la película se estrenó. Por eso y a pesar de que creo que resultaría muy interesante aplicar ciertas herramientas metodológicas del terreno en el que actualmente me muevo, esto es, el feminismo y lectura de género he decidido hacer algo más difícil y doloroso que ponerme en plan feminista marisabidilla: he decidido recuperar esa sombra encorvada en el cine que era yo con 16 años.

Aunque soy de las personas que afirman que nunca te bañas dos veces en el mismo río, ni nunca te duchas dos veces en el mismo cuerpo, he de reconocer que a mis 16 años, 1992, año de estreno de “Instinto Básico” yo era una pequeña marica, una pequeña marica en un pequeño pueblo. Aquel año el país empezaba la resaca de su año más internacional, descubríamos que una vez disipados los sueños europeos nos sentíamos igual de paletos que siempre y nadie que yo conociera había oído hablar de internet o de lo queer. El punto de internet es esencial (el otro también) porque en esa larga y solitaria travesía hacia la adolescencia empecé a sentir un hambre voraz por imágenes, por imágenes que me reflejaran o que dieran forma a mis sueños que se mostraban confusos y oscuros. Sé que puede parecer una idea idiota y naif, pero hemos de recordar que tenía 16 años, vivía en un pequeño pueblo, no había internet y las únicas formas culturales que llegaban a los hogares del extrarradio cultural eran las grandes producciones cinematográficas, la televisión que descubría la carnaza y la privatización y las radios generalistas. En ese camino, como si jugara a ser un importante químico con Quimicefa convertí mi habitación en la primera oficina de “Queer & cultural studies” de mi pueblo o por lo menos la primera que yo tuviera constancia, y lo hice con la ayuda de un video VHS, una libreta, y los necesarios pegamentos y tijeras. Empecé a recopilar todas las imágenes que sobre gays, lesbianas, bisexuales y transexuales pude encontrar en la cultura mayoritaria, que para mí era la única accesible. El recuento tras rellenar unas cuantas libretas y cintas de video era ciertamente triste: un episodio de “Farmacia de Guardia” donde Carlos Larrañaga renunciaba momentáneamente a su homofobia con un amigo de la familia, Pablo, interpretado por David Zarzo, uno de los primeros gays adolescentes de la tele española, los necesarios espaciales sobre el SIDA (recuerdo una cinta dedicada exclusivamente a ese tema) y las escabrosas noticias que aportaban los distintos diarios.

Para mí “Instinto Básico” forma parte de ese clima moral de principios de los 90 y se sitúa en su sexofobia entre tres películas con las que me gustaría relacionar: Primero, “Atracción fatal” (Adrian Lyne, 1987) predecesora y verdadera representante junto con la que nos ocupa de lo que Susan Faludi llama el “backlash”, el retroceso mediático en los discursos relacionados con el feminismo y que en el caso de “Atracción fatal” haría referencia a la figura de la mujer independiente económica y laboralmente como cruel devoradora de hombres y que en el caso de “Instinto Básico” se transforma en la mujer fálica, que quiere ser objeto de atención sexual y que roba el pene/picador para acuchillar al hombre. Segundo con “Compañeros inseparables” (Norman René, 1989) un terrible drama sobre el impacto del SIDA en la década de los 80 que nos enseñó a los adolescentes queer de todo el mundo como de terrible sería nuestra muerte llenos de manchas, esqueléticos y solos tras una hecatombe de amigos para acabar el relato con una apoteosis/celebración zombie con todos los personajes muertos a lo largo del filme reencontrándose en una playa un día soleado (necesitaban un espacio abierto porque se mueren muchos a lo largo de la cinta… es evidente que tengo un problema con esa película). Y tercero con “El silencio de los corderos” (Jonathan Demme, 1991) que si recuerdan bien va sobre la caza de un asesino que mata a sus víctima para confeccionarse un “vestido de mujer” hecho de carne algo que descubrimos en una mítica escena donde este baila y se esconde los genitales masculinos poniendo en escena todos los terrores asociados al transgénero y a las sexualidades alternativas: estar soltero, vivir en una cabaña y matar personas.

El clima moral de principios de la década se movía básicamente entre esos relatos y estos parámetros: el ambiente reaccionario que Margaret Thatcher / Ronald Reagan habían ido sembrando a lo largo de la década estaba en su máxima vitalidad mientras que la pandemia del SIDA había acabado por asentar esas actitudes retrógradas, a la vez que la comunidad gay luchaba de una manera más justificadamente agresiva contra ellas a través de acciones como la de los grupos ACT-UP, cabecilla internacional del movimiento con su lema “Silence=death”. A mi pueblo las acciones de ACT-UP, la verdad, no llegaban… pero recuerdo claramente un recorte que tenía en una de mis libretas en las que se hablaba del estreno de “Instinto Básico” y de cómo un grupo de lesbianas y activistas gays había boicoteado el acto con piquetes.

Recuerdo sus caras enfurecidas y sus carteles en inglés y como contrastaban con el glamour relacionado con un estreno, la alfombra roja, los flashes… y pienso ahora en esas imágenes y en mí mismo que los animaba en la distancia de manera entrañable: boicotear un estreno de una peli de Paul Verhoeven puede parecer ahora algo exagerado y fuera de lugar, pero los tiempos eran difíciles y la gente no estaba para revisiones del género negro y para recuperaciones de la figura de la femme fatale por muy posmoderno que fuera el cine de los 90. Además parece clara la vinculación que establece la película entre bisexualidad y ganas de matar hombres/cualquier persona, es decir, los lazos que narrativamente se crean entre enajenación mental y cualquier forma sexual no heterosexual. Y al establecer estas asociaciones Paul Verhoeven no sólo ponía de manifiesto la ansiedad que producen las distintas opciones sexuales no heterosexuales sino también la ansiedad que produce la presencia mediática de esas opciones. Es evidente que a principios de los 90 las otras sexualidades estaban empezando su conquista mediática (bien es cierto que mayoritariamente a raíz del SIDA) y era evidente que esa presencia producía ansiedad hasta el punto que el propio Carlos Larrañaga tuvo que lidiar con ella mientras que viviendo en el mismo eje espacio-temporal que “Farmacia de Guardia”, mi pueblo, recibía a través de todos esos recortes inconexos un eco muy de los 90: “We’re here. We’re queer. Get used to it.” (Estamos aquí. Somos maricones. Acostúmbrense).

Me gustaría acabar este análisis de mi adolescencia cinéfila con una lema de esa campaña tan moda en los EEUU destinada a los adolescentes gays “It´s get better”, es decir, “La cosa mejora”, pero creo que en parte sería mentirles. La cosa no mejora porque el cine generalista no es lugar de las otras sexualidades. En el cine generalista maricones, bolleras, travelos, queer y otras subespecies seguimos siendo o monstruos o payasos, lo otro que debe representarse para asentar la normalidad, como el personaje del amigo gay en las comedias románticas cuya función es la de subrayar el matrimonio como institución única y exclusivamente heterosexual… Sin embargo, también es cierto que en estas décadas la cosa ha mejorado: el cine queer ha dado la vuelta y se ha apropiado de ese halo de monstruosidad en su beneficio (por citar un ejemplo al azar: “Hedwig and the Angry Inch”, musical de 1998 convertido en peli en 2001 por John Cameron Mitchell). Pero quizás lo más significativo es que hemos mejorado nuestras capacidades lectoras. Somos mejores lectoras al habernos convertido en productoras gracias a internet: aunque el cine mainstream continúe siendo el gran articulador de relatos no necesitamos el cine mayoritario, sabemos buscar mejor y más efectivamente, sabemos crear nuestros relatos y nuestros reflejos, por ejemplo, a través de vlogs (video blogs) que de manera un poco idiota y quizás egocéntrica dan rostro a gente maltratada en esos relatos. En definitiva ya no necesitamos el acero, el cine negro o permitir las fobias generalistas para vernos reflejadas. Tan sólo nos hace falta un ordenador, una cámara, una habitación propia y como decía Virginia Woolf una asignación de 500 guineas para convertirnos en dueñas de nuestros relatos.

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En estos tiempos convulsos que vivimos, Palomitas en los ojos es un blog que conviene visitar. Desde su atalaya virtual Nacho observa cómo se hunde el mundo Occidental y nos lo cuenta de tal forma -combinando agudeza y sentido del humor- que muchas veces al leer un post suyo no sabemos si reirnos a carcajadas o cagarnos de miedo. Para Dr. Insermini es todo un lujo tenerle en este Especial Instinto Básico.

Gus

Posted in Movies with tags , , on 09/05/2012 by insermini

por Manolo BAngBAng

George Dzundza es Gus, el compañero fiel de Nick Curran (Michael Douglas). Como actor gordo con cara de mazapán es perfecto para interpretar al clásico personaje secundario que ayuda al héroe protagonista, un tipo entre Pepito Grillo y Sancho Panza. Y es que al fin y al cabo, ¿qué sería del actor secundario si no existiese el encasillamiento? Los directores del casting de Instinto Básico lo contrataron para que repitiese el papel que le habían visto hacer unos años antes en No hay salida (1987). En aquella hacía por Kevin Costner lo mismo que en Instinto Básico por Michael Douglas: darle consejo, ayudarle con la investigación y morir asesinado en el acto final.

Su personaje de Gus en Instinto Básico será recordado como el más memorable de su carrera. Vulgar pero siempre fiel, Gus es el colega perfecto de todo detective de homicidios. Los fines de semana se calza el sombrero de cowboy y se dispone a emborracharse en baretos country. Tanto él como Nick Curran encarnan una masculinidad que se diluye progresivamente en el horizonte de lo políticamente correcto. Porque Gus es campechano, directo y no posee dobleces, para él “no tener algo claro” significa “no distinguir la mierda de la caca” y “enamorarse de Catherine Tramell”, “tener el cerebro frito por una vagina con honores académicos“.

 Así es él. El heredero legítimo de Broderick Crawford, la quintaesencia del actor secundario, un cowboy que cabalga solo, alguien que mereció su propia “buddy movie” y ya nunca la tendrá. Y es una pena, porque como podéis ver, su sonrisa desarma a cualquier vaquero.

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Aunque no está muy presente en las redes sociales, muchos ya conocéis a BAngBAng porque es un comentarista habitual del blog y ha colaborado como blogger invitado en varias ocasiones. Todavía está reciente en nuestra memoria su divertidísima relectura de Teorema para Todo Spoilers.

Manolo BAng BAng responde

Posted in Movies with tags , on 09/05/2012 by insermini
¿Como de fan eres de Instinto Básico?
– Hay cosas de las que uno dice “soy fan” y solo se dicen por decir. De Instinto Básico soy fan de verdad.
Dime cómo fue la primera vez que la viste (cine, vídeo, DVD, la viste sólo, con amigos, etc…) y cómo reaccionaste.
– La vi en el cine en el momento del estreno en España, con el Dr. Insermini, siendo ya muy fan de Paul y en plena marea de protestas lesbianas y polémica mundial. Flipé con tantas cosas que la tuve que volver a ver. Siempre me apetece volver a verla.
 ¿Qué destacarías de la película?.
– Los personajes (Detective Nick Curran, Catherine Tramell, la Psicóloga Beth, Roxy), a los que sumo a George Dzundza, el compañero gordo de Curran y la perturbadora asesina Hazel Dobkins, interpretada por la gran Dorothy Malone. También destaco la impresionante fotografía de Jan De Bont, la música, el scope y la atmósfera en general. La peli tiene un montón de highlights, ya sean momentazos (el arranque de la peli, el interrogatorio…) o frases (¿Has probado a follar con coca, Nick?).  Todos los diálogos son geniales, sobre todo los de Sharon Stone.
 ¿Cual es tu película favorita de Paul Verhoeven?
 – Según el día de la semana puede ser: Instinto Básico, Robocop, Desafío total, Katty Tippel, Los señores del acero, El cuarto hombre o Showgirls.
Elige, ¿Catherine Tramell  o Nomi Malone?
 – Nomi Malone, por darle de ostias a Andrew Carver.