Archivo para Jodorowsky

Lanzamiento de cuchillos

Posted in Movies with tags , on 19/02/2011 by insermini

El Gran Orco y la Mujer Tatuada practican el lanzamiento de cuchillo en Santa Sangre (1989).

Películas como esta quiero ver yo en 3D y no esas bobadas que se estrenan.

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El Topo, 1970

Posted in Movies with tags , , on 17/06/2008 by insermini

Por fin he visto El Topo. He tenido que esperar una eternidad ya que las copias que había disponibles hasta hace poco eran pura caspa. Su versión restaurada nos devuelve esta cult-movie en todo su esplendor, especialmente en los colores y los matices de la excelente fotografía. Personalmente prefiero La Montaña Sagrada y sobre todo Santa Sangre, que las encuentro más fluídas de ritmo pero la película está llena de momentos extraños que sólo el psicomago Alejandro Jodorowsky puede imaginar y que justifican de sobra el prestigio de la película.

Cuenta Jodorowsky que quiso hacer un western porque en la época era el género más popular y pensó que sería más fácil llegar a todas las audiencias. El resultado, claro está, distaba mucho de los gustos del mainstream pero inmediatamente se convirtió en una película-oráculo para muchos y en icono de la contracultura. La lista de fans de la película es muy larga: John Lennon, Bob Dylan, Dennis Hopper, David Lynch, Sam Fuller, Marilyn Manson, etc…

Actualmente Jodorowsky prepara una nueva película de título King Shot, producida por Absurda, la productora de David Lynch y con un reparto estelar: Nick Nolte, Asia Argento, Udo Kier, Marilyn Manson y… Santiago Segura.

El otro Baron Harkonnen

Posted in Movies with tags , on 20/04/2007 by insermini
El primer copia y pega del blog, extraído de una entrevista realizada a Alejandro Jodorowsky sobre su abortada adaptación de Dune.
Para el papel de Barón Harkonnen en Dune, un gigantesco gordo malvado, pensé en Orson Welles.



Sabía que estaba en Francia, pero, amargado por no encontrar productores, el hombre no quería oír hablar de cine. ¿Dónde encontrarlo? Nadie supo decírmelo. Yo había oído decir que al maestro le encantaba comer y beber. Le pedí a un ayudante que telefoneara a todos los restaurantes gastronómicos de París preguntándoles si Orson Welles era su cliente.

Después de innumerables llamadas, un pequeño restaurante, Chez le Loup, nos confirmó que una vez por semana, no un día concreto, el actor cenaba ahí. Decidí comer en ese lugar todos los días. Comencé el lunes. El local era de una elegancia discreta, con un menú refinado y una carta de vinos excelente. Lo atendía el propio dueño. Todas las paredes, menos una, estaban decoradas con reproducciones de cuadros de Auguste Renoir. En el muro de excepción, dentro de una vitrina, había una silla rota. Le pregunté al dueño el porqué de esa extraña decoración. Me dijo: Son restos que nos llenan de orgullo: una noche, Orson Welles comió tanto que la silla que lo sostenía se rompió. Volví el martes, el miércoles; el jueves, enorme, envuelto en una gran capa negra, llegó el actor.

Lo observé con la misma fascinación con que un niño contempla en el zoológico a los grandes animales. Su hambre y su sed eran fabulosos. Lo vi devorar nueve diferentes platos y beber seis botellas de vino. A los postres, le envié una botella de cognac que el propietario me aseguró era el preferido de su voluminoso cliente. Orson Welles, al recibirla, con gran amabilidad me invitó a su mesa. Lo escuché monologar una media hora sobre sí mismo antes de que me atreviera a proponerle el papel: No me interesa actuar. Odio el cine actual. No es un arte, es una industria asquerosa, un inmenso espejismo hijo de la prostitución. Tragué saliva, su decepción era gigantesca. ¿Cómo entusiasmarlo para que trabajara conmigo? Me puse tenso, creí que había olvidado todas las palabras pero, de pronto, me oí decirle: Señor Welles, durante el mes que durará la filmación de su papel, prometo contratar al cocinero jefe de este restaurante, quien cada noche le preparará todos los platos que usted pida, acompañados de los vinos y otros alcoholes de la calidad y cantidad que a usted se le antoje. Con una gran sonrisa aceptó firmar el contrato.

Después de dos años de trabajo intenso en París, cuando parecía que Dune se iba a realizar, bruscamente el productor interrumpió el proyecto. Nuestra decepción fue enorme. El futuro director de efectos especiales, tuvo que regresar a Los Ángeles y fue internado durante dos años en una clínica psiquiátrica.

En 1984 Kenneth McMillan interpretó al Baron Vladimir Harkonnen en la adaptación que David Lynch hizo de Dune.