Archivo para Orson Welles

Dame una máscara

Posted in Movies with tags on 08/01/2019 by doctorinsermini

Cruel ironía del destino, ha sido netfliz, la vistosa lápida funeraria para el cine tal como lo habíamos conocido, el responsable de traernos esta película de Orson Welles que hasta hace poco pensábamos que nunca íbamos a ver. Y nos ha llegado como eso, como un objeto del siglo XX que la última gran ola de una era anterior ha arrastrado hasta la orilla. Nos llega, eso sí, bien pulida y niquelada. Diría que absurdamente, pero debemos acostumbrarnos a que estas cosas sucedan de vez en cuando. El objeto vintage que ya a nadie le importa pero que queda bien en la estantería y que muestras de pasada a los invitados. Porque a muy poca gente le importa Orson Welles en estos tiempos y mucho menos lo que este tuviera que decir con su último gran proyecto. En su día hubiera ocupado portadas en las principales revistas de cine, hoy el único ruido que ha hecho tiene más que ver con que lo promoviera el gigante del streaming que otra cosa. Desde el principio sentí rechazo hacia toda la operación de traer al mundo The Other Side of the Wind. Estas cosas nunca salen bien. Me cabreaba ver a cuatro matados celebrar en las redes que esto ocurriera. Imbéciles, pensaba. Muerto Orson la operación sólo obedecía a un interés pecuniario de sus herederos y a las ansias de protagonismo de algunos de los implicados en la película. También pensaba que a Orson, desde ahí arriba le fastidiaría ver todo el circo montado y lo peor, ver cómo tantas manos intentaban darle la forma de película a todo lo que él rodó. Luego pensé que no, que a Orson se la traería bastante floja, porque dejadme que os diga una cosa, a los muertos no les importa un carajo lo que pasa en este mundo.

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Ciertamente la película es un desastre, sólo inteligible para los fan-fatales de OW. Los que no lo sean sólo verán un magma de imágenes mareantes regadas por torrenciales diálogos incomprensibles puestos en boca de actores en la senectud. Un artefacto de dos horas duro, duro de ver hasta el final. Los más pedantes dirán que es una obra maestra, los más sensatos le darán al stop a los pocos minutos. Es preciso para poder disfrutar de The Other Side of the Wind estar bastante puesto en las vicisitudes tanto personales como profesionales de la vida de Orson. Sin esas pistas uno estará perdido, frustrado, enfadado. Stop! Stop! Stop!

No digo que los implicados no se hayan esmerado en el montaje de un material tan vasto, pero este empeño estaba condenado a traer al mundo al monstruo de Frankenstein antes que una película de Orson Welles. No está aquí su prodigioso sentido del ritmo que apuntala tan sólidamente su filmografía. El equilibrio entre todos los elementos en juego se viene abajo constantemente. La película se levanta, tropieza y cae. Cae una y otra vez. Su único valor objetivo es mostrarnos todo ese material que permanecía oculto, vislumbrar algún destello de lo que la película podía haber sido si el mago hubiera hecho su magia. Una magia capaz de salvar las peores actuaciones, como las de Oja Kodar o Peter Bogdanovich. Hay que concederle que la película se mantiene en la senda de lo que Orson se propuso y aún descarrilando consigue que visualicemos lo que The Other Side of the Wind podía haber sido.  Antes de cumplir los veinte Orson, el genio, rodó una parodia del cine surrealista tipo El perro andaluz. Al final de su vida quería hacer lo propio con ese cine de autor encumbrado por los críticos. Aquí quería reírse de los Antonioni, Godard, Bertolucci, de los advenedizos que se acercaban a él con dudosas intenciones, de críticos de cine como la repelente Pauline Kael… Quería darse ese gusto y mucho más. El personaje de John Huston, Jake Hannaford es el mismo Orson con una máscara. Y ya lo dijo Oscar Wilde, dale a un hombre una máscara y te mostrará su verdadera cara. Todo el juego orquestado por Orson era tan ambicioso como querer dominar la gravedad, pero ¿no es eso lo que hacen los magos?

Es todo ese juego de máscaras lo que más me ha hecho disfrutar de la película. Ver el profundo descaro de Orson al evocar anécdotas y personajes de su vida. La mejor escena es aquella en la que aparece el Dr. Bradley Pierce Pease Burroughs, claro impersonator de Roger “Skipper ” Hill, el mentor de Orson durante su primera adolescencia en la Todd School for Boys. Con la máscara puesta se atreve a decir lo que había negado tantas veces. Y perdonadme si ahora peco de hermético pero las reflexiones más personales y más profundas me las guardo para mí, porque quiero y porque no es este su lugar. Quizá algún día me ponga a desgranarlas como hice en Querido Orson. Antes tengo que ver unas cuantas veces más la película y también el fabuloso documental They’ll Love Me When I’m Dead.

Curioso cómo estando en contra de toda esta operación tan diabólica ha terminado siendo una experiencia valiosa. 

Querido Orson

Posted in Movies with tags on 12/03/2017 by doctorinsermini

Orson Chimes at MidnightY, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual.

Orson Welles en Mis almuerzos con Orson Welles.

Permitidme que antes de empezar aclare un par de cosas. La primera: soy muy fan de Orson Welles, seguramente, hablando de cine, es la personalidad más fascinante que nos dio el siglo XX. Como el mismo Kane, Orson fue un hombre de muchas caras, cuya imagen pública -la del genio incomprendido por la industria del cine y más tarde el trotamundos amante de la buena vida- reflejaba una parte muy-muy pequeña de lo que fue realmente. Él mismo disfrutó toda su vida alimentando ese misterio que le rodeaba, dando por ciertas las historias falsas que se contaban sobre él y observando divertido cómo progresivamente el mundo, los plumillas en las revistas, sus viejos colegas, parloteaban y distorsionaban aún más su imagen, de la misma forma en que lo haría un espejo deformante de los que había en las ferias de atracciones. ¿Pero quién era Orson realmente? ¿No tenemos cada uno nuestro Orson particular? ¿Es verdadera la imagen que nos ha llegado de él o es todo una gran mentira? (Oigo las risas de Orson, ruidosas, que me llegan desde arriba). Y con esto llego a la segunda aclaración. No quiero que este artículo se interprete como un razonamiento que busca defender la tesis -que no es nueva- de que Orson Welles era homosexual, latente o no. Eso sería una catetada por mi parte. Algo que me haría sentir muy pequeño. Más pequeño aún teniendo en cuenta que de quien estoy hablando es de O.W. Lo que quiero –y esto te lo digo especialmente a ti, querido Orson– es poner orden a una serie de datos que he ido recabando como forma de rastrear al Orson marica que convivió contigo a lo largo de toda tu vida. – No te enfades, querido Orson, porque pienso que, muy humildemente, lo que voy hacer es contribuir a engrandecer un poco más tu leyenda. A darle unas cuantas capas más a tu majestuosa imagen. Y además, créeme, no es lo mismo ser marica en estos tiempos que en tu época. Ahora es cool.

Por otro lado todas las etiquetas son engañosas, reduccionistas. Nombrar las cosas es acabar con su misterio. ¿Es gay un hombre que se da cuenta de que disfruta más de las relaciones sexuales que tiene con su mujer si introduce a otro hombre en la cama? Los gays puros, los heteros puros son muchos menos de lo que creemos. Hay toda una zona de grises que apenas comprendemos. Una zona de grises en la que estabas tú, querido Orson. Te gustaban las mujeres, de eso no hay ninguna duda. En tus mejores años, cuando eras el joven genio del teatro que creó el Mercury Theatre, que revolucionó la radio con aquella emisión de La guerra de los mundos y que poco después se dejó querer por Hollywood, ibas de flor en flor. Según las biografías estabas loco por tirarte a toda starlette que se te pusiera a tiro. Lo hacías en los camerinos, en los coches, debajo de las mesas. Entonces aún no tenías la figura oronda que luego te ha hecho reconocible a los ojos del mundo. Lo tuyo te costaba mantenerte delgado. Muchas privaciones y continuos baños de vapor que te hicieran sudar hasta el último gramo de grasa. Pero lo cierto es que estabas cerca de ser un galán. ¡Y ese encanto! ¿Hay algo más sexy que la buena salud, el rebosar de vitalidad y energía? ¿Que te hagan reír? No te tomabas nada en serio, ni siquiera a ti mismo. ¿Cómo no caer en tus brazos? Por si alguien no lo recuerda tuviste romances importantes con grandes bellezas. Con la bellísima actriz mexicana Dolores del Río, a la que dejaste por Rita Hayworth, con la que te casaste. También está ese divertido episodio en el que durante una larga estancia en Italia te encaprichaste de una italiana bigotuda y poco agraciada que no hablaba ni una palabra de inglés. Ella te daba calabazas, pero tu obsesión era muy fuerte. La perseguiste, te arrastraste, rechazaste a Rita en un acercamiento con visos de reconciliación. Tenías que poseer a la italiana fea. Era algo más fuerte que tu vida. Es una de las historias que más me gustan de ti. Pero junto a todas estas historias de faldas hay una parte homo en tu vida que no puedes negar. No sé si alguna vez te apeteció comerte una polla. No estoy seguro. Tu colega John Huston -otro hetero, con menos sombras aún que tú- dejaba que Truman Capote se la mamara de vez en cuando. Esto lo cuenta Andy Warhol en sus diarios. Se lo contó el propio Capote, y yo me lo creo.

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Por lo que he leído me doy cuenta de que eras por encima de todo un seductor. Lo fuiste casi desde que naciste. El pequeño wunderkind (niño prodigio) que maravillaba a todos desde su primera infancia. Con 8 años ya estabas acostumbrado a que los amigos de papá y mamá se te insinuaran.

Ya ve, toda esta experiencia la tenía ya entonces. Desde mi más tierna infancia fui la Lillie Langstry de la peña homosexual adulta. Todos me buscaban. Yo no sabía cómo quitármelos de encima. Pensaba que les sentaría mal si les decía que yo no era homosexual, que sería un reproche, así que siempre tenía dolor de cabeza. ¿Sabe? Yo era una especie de virgen perpetua”.

Orson Welles a Barbara Leaming, en la biografía Orson Welles (Tusquets editores).

Creo que todo este background te hizo ser consciente de tu poder seducción desde muy pronto, del efecto que tu precocidad, tu genio, provocaba en los adultos, y que con los años te acostumbraste a utilizarlo en tu provecho. Sin ninguna maldad, antes bien con mucho cachondeo.

Me encanta la historia que tuviste con John Houseman, que tú mismo definiste como una novela rusa. Él era un empresario algo mayor que tú, que entonces apenas habías cumplido los 20 y estabas en plena efervescencia creativa. Cada obra que representabas en Nueva York era un gran acontecimiento. Houseman quería introducirse en el mundo del espectáculo y fue en una representación de Romeo y Julieta cuando se produjo vuestro primer encuentro. Él quedó prendado de ti. En su autobiografía evoca ese momento describiéndote como un “joven monstruoso”, que despertó en él “algo obsceno y terrible, una irresistible violencia interior”. Así nació una historia que duró varios años. Tú, indiferente, te dejabas cortejar y te divertías con el efecto perturbador que provocabas. En una ocasión Houseman fue a visitarte a la casa que compartías con Virginia, tu primera mujer. Tú estabas en la bañera, tomando un baño. Divertido, le hiciste pasar. Houseman sufrió un shock ante lo que vio. “Allí estaba Orson echado, inmóvil y cubierto por el agua, a través de la cual su cuerpo grande y de una palidez cadavérica parecía desproporcionadamente hinchado. Cuando salió entre excusas, chorreando y salpicando agua por todas partes, me di cuenta de que su tamaño no debía nada a la refracción de la luz: de que era tan enorme dentro como fuera de la bañera”. Esto lo cuenta Houseman en su libro, y Barbara Leaming, tu biógrafa lo describe como un calculado esfuerzo más por tu parte para impresionarle y desconcertarle.

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Un joven Orson en compañía de John Houseman

Una vida, la tuya, por la que fueron desfilando diferentes hombres que asumían el rol de padre. El tuyo verdadero quedó pronto relegado a un segundo plano. Era un inventor algo borrachín poco capaz de asumir responsabilidades. Seguramente, tú, que con 10 años ya habías montado una representación teatral de El doctor Jeckyll y Mr. Hyde entendías perfectamente la situación, aunque como Kane en la película nunca acabaste de aceptar del todo que se te privara de una infancia normal. Todo este desfile de padres, tutores, al que se unió también Houseman queda reflejado en tus películas, donde es fácil encontrar paralelismos con tu propia vida.

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Joseph Cotten entre los pechos (Fotograma de Too Much, Johnson– 1938)

En Ciudadano Kane, tu gran amigo Joseph Cotten interpreta al gran amigo de Kane. Me he topado con lecturas de Kane que hablan del trasfondo homosexual de esa relación y no me resultan nada descabelladas. Yo mismo he pensado siempre que de alguna manera estabas enamorado de él. Mirando por la red he visto que algunos van más allá y perciben una mirada gay bastante clara en tu cine y señalan la repetición de ciertas dinámicas de dependencia masculina en los personajes de tus películas. ¡Oh, sí! Yo también creo que en Touch of Evil (1958) entre Quinlan y Menzies había AMOR. Pero la cosa no termina ahí. Me ha encantado descubrir que en tu obra no terminada The Other Side of the Wind, rodada durante varios años (1970-76) John Huston da vida a un director de cine esculpido a imagen y semejanza de Ernest Hemingway. Como él, Hannaford es un hombre que se esfuerza por proyectar una imagen de macho que disipe todas las dudas sobre su sexualidad. ¿Es usted homosexual? Le preguntan los periodistas. Finalmente se despeja esta duda y se descubre que Hannaford está loco por la estrella masculina de su última película, John Dale, un joven con aspecto de estrella de rock. Es este amor secreto y no correspondido lo que terminará destruyéndole.

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Esta representación del macho es verdaderamente interesante, querido Orson. ¿Es una vendetta personal contra Hemingway, con el que tuviste una amistad en el pasado? ¿O es simplemente una desmitificación de la figura del macho-man? Lo cierto es que la película se rodó en un momento en el que la idea del macho de toda la vida llevaba años siendo ridiculizada por los hippies y demás tribus contraculturales. ¿No habrá también algo de ti en el personaje de Hannaford? Y en todo caso ¿Por qué hacer de él un homosexual armarizado? Es una pena que no pudieras terminar la película. Y aunque se habla todo el rato de que pronto llegará a las salas un montaje fiel a tu idea de la película, estas cosas no suelen salir bien. Quizá sea mejor quedarnos con el misterio y la leyenda de lo que hubiera sido.

En el libro What Ever Happened to Orson Welles? A Portrait of an Independent Career, de Joseph McBride se repasan todas estas complejas relaciones entre hombres que aparecen en tus películas, desde Kane hasta The Other Side, asegurando que están en el mismo corazón de tu obra, donde las relaciones heterosexuales que aparecen tienen por el contrario un interés bastante limitado.

En otro libro, Mis almuerzos con Orson Welles, hay una parte reveladora sobre lo que estamos hablando.

Orson:  Este año tengo un juicio en Francia, quiero impedir la publicación de un libro de un viejo colega… ha escrito que soy impotente y un homosexual latente.

Henry Jaglom:  ¿Y cómo lo va a saber él?

Orson: Lo que probablemente haya ocurrido es que cuando pasé seis semanas en París antes del rodaje de Otelo, para ensayar con Micheál MacLiammóir, él se unía a nosotros en las comidas. Y, bueno, yo, cuando estoy en compañía de un homosexual, me vuelvo un poco homosexual. Para que se sienta cómodo, ¿comprendes? Y para que Micheál se sintiera cómodo, yo me amaneraba un poco.

Mis almuerzos con Orson Welles. Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles. Editorial Anagrama.

Aquí no puedo evitar sonreír, porque me encantaría verte soltando la pluma y hacer un poco el mariquita. Creo que te hubiera comido a besos. Pero me sonrío también -querido Orson- porque creo sinceramente que no estás siendo del todo sincero. Te soltabas la pluma porque eras caprichoso y lo querías todo. A veces, estando entre homosexuales brillantes, como Micheál MacLiammóir, te apeteció ser como ellos y participar de la chispa que ellos tenían. Envidiabas su despreocupación por lo que dijeran los demás. Quien haya leído la biografía que escribió Barbara Leaming sobre ti conoce bien a MacLiammóir y sabe que nunca en la vida se hubiera sentido incómodo por su homosexualidad. En ninguna circunstancia. Decir eso es tan idiota como decir lo mismo de Quentin Crisp.

orson y kiki

Orson con su caniche Kiki

En otro momento del libro, Henry Jaglom afirma que Gary Cooper te volvía loco, a lo que tú respondes: “Pues sí. Veo a Gary Cooper y me convierto en mujer”. Sinceramente creo que un genio como tú supo aceptar su parte femenina más de lo que le gustaba reconocer. Y eso, a mis ojos, es parte del secreto de tu enorme atractivo.

Pongo el punto final aquí a esta especie carta a Orson que me ha salido. Creedme, hay aún mucho más que desgranar, pero lo dejo para otro momento. Como decía al principio, con este artículo no pretendo decirle al mundo que Orson Welles fuera gay, bisexual o lo que sea. Orson era simplemente un hombre maravilloso. ¿No es una etiqueta una forma de estigma? ¿Quién las necesita? Lo que me mueve en el fondo es el deseo de cargármelas y de que evolucionemos. ¿Qué mejor que hacerlo hablando de Orson?

Un artículo de Dr. Insermini, publicado originalmente en la web de Bob Flesh.

 

Orson

Posted in Movies with tags , on 17/03/2016 by doctorinsermini

ORSON

Orson Welles, ‘A Portrait with Symbols’ by Irving Penn, circa 1945

Feliz 2016!

Posted in Movies with tags , , on 05/01/2016 by doctorinsermini

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Que el año 2016 nos contagie a todos algo del genio y cachondeo de Orson Welles. Y aprovecho para recomendaros el post que he escrito sobre él para Palabra de Oso. Creo que será de vuestro interés.

Rosebud

Posted in Movies with tags , on 03/09/2015 by doctorinsermini

orson jaglom

Henry Jaglom: Ayer vi Annie, la dirigida por John Huston.

Orson Welles: Es muy mala. A todos los niveles, opino. ¿No te parece?

HJ: No. Me pareció entretenida, hasta cierto punto.

OW: A mí no. Me pareció un desastre de principio a fin.

HJ: Pero la pregunta es: ¿cómo (Huston) se puede plegar a trabajar con los estudios?

OW: Lo que no comprendes es que no lo hace. Ha aprendido a dirigir una película sin dirigirla. Se limita a sentarse y a dejar que el operador o quien sea la haga. Se pasa la noche jugando al póker y descansa a la hora de rodar.

La publicación en español de Mis almuerzos con Orson Welles ha sido sin duda una de las grandes alegrias de este verano. Como fan de Orson y de los libros-entrevista estaba loco por meterle mano. Es un libro intenso, a veces desigual (¿a qué viene hablar tanto del problema con los judíos?, en serio: ¿¿qué le pasa a América con este tema??), del que directamente recomiendo saltarse el irritante prólogo a cargo de su editor Peter Biskind. El señor Biskind, famoso por publicar libros como Moteros tranquilos, toros salvajes y Sexo, mentiras y Hollywood, demuestra desconocer casi todo sobre Orson Welles y se permite despachar la enorme Touch of Evil como una película absurda y mal interpretada (!!!). Confieso que leer esto casi me hace abandonar la lectura del libro. Pero, oye, si este señor -que escribe sus libros desde el rencor y la envidia que le inspira el éxito de los demás- ha sido el responsable de que estas conversaciones vean la luz, y si en esta ocasión se limita a hacer el prólogo estoy dispuesto a tragarme el sapo.

Henry Jaglom y Orson Welles fueron amigos desde los primeros 70, cuando el primero le pidió a Orson aparecer en una de sus películas (A Safe Place, 1971). Jaglom era un hombre de cine bastante hiperactivo, muy bien relacionado y sobre todo, como demuestra a lo largo de todo el libro, un gran conocedor del cine clásico y un hombre muy culto en general. Todo esto le convertía en el interlocutor perfecto para Orson Welles. Las conversaciones que recoge el libro fueron grabadas durante largos almuerzos en los que los dos amigos se dedicaban a comer y a beber, a maquinar proyectos y por supuesto a poner verde a mucha de la gente de la que hablaban. Lo cual evidentemente anima siempre las conversaciones, y desde luego no es lo mismo criticar con maldad, que hacerlo con la gracia de Orson Welles. Fue precisamente él quien le propuso a Jaglom que llevase a sus veladas una grabadora y que registrara todo lo que decían. Le pidió, eso sí, que no estuviera visible, de esa forma podía olvidarse de ella y hablar libremente. Durante décadas, estas cintas, grabadas en los primeros años 80, estuvieron guardadas sin que nadie, ni el propio Jaglom, les hiciera caso.

La gran paradoja de Orson Welles es que siendo tan célebre sea en realidad tan desconocido. En el libro Jaglom lo explica de una manera preciosa, utilizando como metáfora la mítica escena del tiroteo final en la sala de los espejos de La dama de Shangai. No hay un Orson, hay muchos, es difícil encontrarlos, se confunden, la mayoría son falsos, fueron inventados por alguien, un plumilla de una revista, a veces originados por una leyenda sin sentido, por unos chismorreos de Hollywood, que ni el mismo Orson se molestaba en desmentir. Cuando me muera, no te molestes en negar las historias falsas que oigas sobre mi– le decía divertido a Jaglom. Cual personaje de una de sus propias películas, Orson Welles acumula con los años más y más capas, nuevas sombras, más mentiras, su mito se vuelve más y más enorme, y también, lo mejor, más terrible. Y él observaría todo esto divertido, soltando grandes risotadas y fumándose un puro. Porque si una cosa podemos saber sobre él con toda seguridad es que ya desde niño fue un gran cachondo. Aún a día de hoy poca gente se da cuenta de que Ciudadano Kane no es realidad esa película tan seria, que tantos ven con el ceño fruncido. Ciudadano Kane es más una comedia, que hizo un joven Orson de 24 años con ganas de divertirse. El famoso Rosebud, tan misterioso, era uno de los cariñosos nombres con los que William Randolph Hearst se refería al ojo del culo de su amante. La gente se vio superada por la revolución técnica que era también la película, pero eso fue sólo algo que vino sólo. Era la primera película que hacía, quería explorar las posibilidades técnicas de su nuevo juguete.

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Mis almuerzos con Orson Welles funciona como el complemento perfecto a la que es seguramente la mejor biografía que se ha escrito sobre él, Orson Welles, de Barbara Leaming, que recomiendo mucho a todo el mundo. En él traza un perfil bastante revelador y que podemos intuir como muy aproximado a la verdad. La parte que queda en sombras es precisamente la que ilumina ahora este libro de conversaciones. En él descubrimos al Orson más desconocido, al hombre que ha sobrevivido a la maldición que supone ser un genio, de no haber logrado adaptarse al sistema. Hay un mucho de tristeza, de sensación de fracaso, pero en realidad es la misma sensación de fracaso que siente cualquier hombre la final de su vida, y por encima de todo resulta maravilloso comprobar que pese a todo siempre mantuvo un gran sentido del humor. No se le percibe como un hombre amargado. ¿Que envidiaba la posición de un Huston? ¿Que recelaba del éxito de Hitchcock? La gran revelación del libro quizá sea ver que un genio como él es también humano, que puedes haber hecho la “mejor película de la historia” y sentirte un fracaso, que al final te agobian los mismos dilemas y preocupaciones que a los demás mortales, que no sabes cómo pagarás la compra del supermercado de esa semana… Además quedan cientos de perlas, dedicadas a artistas y gente del espectáculo, su fobia a Woody Allen, su afilado criterio como espectador (¡Qué mala es Centauros de desierto!), las mentiras  sobre su vida sexual, su perrita Kiki, …

En el libro Orson repite lo mucho que le molestan los artistas que se desnudan en sus obras, que usan sus películas, sus libros, con fines terapéuticos, mostrando sus miserias al público. Y al final, décadas después de muerto, también él se desnudó delante de su público, pero no en sus películas. A través de una cintas grabadas, olvidadas en unas estanterías, como podía suceder en Mr. Arkadín. Yo se lo agradezco mucho.

En el motel con Janet Leigh

Posted in Movies with tags , , , , on 23/07/2015 by doctorinsermini

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Una vez coincidí con Janet Leigh en Toronto y le pregunté: ¿Ha pensado alguna vez, mientras estaba rodando Psicosis, en que un año antes estaba rodando una película en un motel con un individuo muy peculiar… y ya andaba de acá para allá en ropa interior…? Estaba aludiendo, por supuesto, a los llamativos parecidos entre Sed de mal y Psicosis. Le pregunté: ¿Conocía Hitchcock la película de Welles? Y me contestó: Probablemente. Y es verdad. ¿Cómo no iba a haberla visto? El personaje de Norman Bates viene directamente del que interpreta Dennis Weaver en Sed de mal. Si añadimos a eso el motel, a Janet Leigh y el hecho de que las dos películas las produjo la Universal, no deja todo ello de ser un conjunto de coincidencias que dan mucho que pensar.

Brian De Palma por Brian De Palma (Editado por Samuel Blumenfeld y Laurent Vachaud).

(Y yo añadiría: si tenemos en cuenta la manía que Orson le tenía a Hitchcock, la conexión de las dos películas es conmovedora. Como si Hitch le dijera a Orson: Tú no me quieres pero tu película me gustó y toda la parte de Janet en el hotel me puso cachondo, te la copio).

What Is a Man #7

Posted in Movies with tags , , on 08/07/2013 by doctorinsermini

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Orson Welles en Man in the Shadow (1957).

Feed the cat!

Posted in Movies with tags , on 22/03/2013 by doctorinsermini

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Ya me hubiera gustado a mi hacer unos diseños tan chulos como estos de Hilly Blue (arriba) y Eric Weber que mezclan a Orson Welles con el gato Garfield y un plato de lasagna.

Orson & Lucy

Posted in Movies with tags , , on 21/06/2012 by doctorinsermini

Orson y Lucille Ball en pleno número de magia. Y esto me lleva a esto.

Orson & Fernando

Posted in Movies with tags , , on 01/02/2012 by doctorinsermini

2012

Posted in Uncategorized with tags , on 30/12/2011 by doctorinsermini

The Deep, 1970

Posted in Movies with tags , on 07/11/2011 by doctorinsermini

Me entra un nosequé al ver y reproducir estas imágenes de The Deep, otra película incompleta de Orson Welles. Había oído hablar de este proyecto, una adaptación de la novela de Charles Williams Dead Calm, que Orson emprendió de manera independiente con el objetivo de demostrar que él también podía hacer cine comercial. Las continuas interrupciones derivadas de los problemas financieros y la posterior muerte de Laurence Harvey finiquitaron definitivamente la película.

Estas capturas pertenecen al documental Orson Welles: The One-Man Band y según Oja Kodar, compañera de Orson que aparece como actriz en la película, se filmaron casi todas las escenas. De ahí mis sentimientos encontrados, la emoción de poder ver parte de lo filmado y la frustración de no poder ver nunca la película terminada.

Para consolarme un poco he vuelto a ver la versión de Philip Noyce con Nicole Kidman, Dead Calm (1989), que en su día me gustó mucho y no está nada mal pero ay! yo quiero ver la de Orson, con Jeanne Moreau y Laurence Harvey