Archivo para Robert Mitchum

Mitchum

Posted in Movies with tags , , on 04/12/2015 by insermini

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Robert Mitchum por Alex Tarazón.

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Celluloid heroes

Posted in Movies with tags , , , , , on 26/06/2014 by insermini

 

Blood on the Moon (1948)

Eastmancolor

Posted in Movies with tags , on 24/02/2014 by insermini

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Hola. He vuelto. He estado sin internet un par de semanas o más, lo cual, efectivamente es horrible. Se me ha hecho bastante extraño pasar de actualizar el blog dos o tres veces por semana a no hacer ningún post. Me ha servido como entrenamiento, porque lo cierto es que este año no voy a poder atender el blog como hasta ahora. Pero no temáis, seguiré por aquí. Tener un blog ahora que los blogs han pasado de moda me parece precioso, y aunque las visitas sigan cayendo, por aquí se está mejor que nunca. Sea con un gif, unas capturas o una entrada apresurada, seguiré actualizando e informando de las novedades del universo Dr. Insermini.

Arriba, unas capturas increíbles de Foreign Intrigue (1956), una película de Robert Mitchum bastante absurda y comprensiblemente olvidada, pero filmada en un interesante Eastmancolor.

What Is a Man #11

Posted in Movies with tags , , on 04/12/2013 by insermini

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Robert Mitchum- Pursued (1947)

Déjese querer por una loca

Posted in Movies with tags , , , on 26/05/2013 by insermini

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Where Danger Lives (John Farrow. 1950) es un no-tan-conocido clásico de la etapa final de la RKO, cuando Howard Hughes tomó las riendas de la productora. Como muchas películas de la era Hughes tiene un aire de locura y sordidez que la hace especial. Robert Mitchum interpreta a un honrado médico que se complica la vida al enamorarse de una mujer desequilibrada, la inefable Faith Domergue. La película está realmente bien y anticipa la obra maestra del equipo Hughes-Farrow-Mitchum: His Kind of Woman (1951).

Mitchum

Posted in Movies with tags , , on 05/12/2012 by insermini

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Robert Mitchum por Yul Brynner.

The hottest combination that ever hit the Screen

Posted in Movies with tags , , , on 04/09/2012 by insermini

En 1948 Howard Hughes cogió el timón de la RKO, una major wannabe que había cosechado algunos grandes éxitos pero no había conseguido ponerse del todo a la altura de las otras grandes. Con la llegada de H. H. empezó una nueva etapa para la productora que estuvo marcada por el caos, la paranoia y la extravagancia. Lo primero que hizo H. H. fue despedir a los judios y a los posibles simpatizantes comunistas que estaban en plantilla y llenar el estudio de micrófonos y de matones. En lo que se refiere a los criterios artísticos que iban a regir la nueva RKO estos se podían resumir fácilmente: nada de películas intelectuales, sólo interesan películas que orbiten alrededor del binomio “sexo y violencia”. Cuanto más tuviera de una cosa y de otra más puntos tenía un guión para interesar al nuevo amo. Películas que fueran entretenidas y, porqué no, que tuvieran también un efecto en la líbido del espectador.

Hughes tenía muchas obsesiones, muchas de ellas totalmente descontroladas que le hacían sufrir en su vida cotidiana. En el trabajo también mostraba una carácter obsesivo que le que convertía en un pésimo gestor. Unos años antes de su llegada a la RKO, había producido y dirigido la escandalosa The Outlaw (1943), un vehículo a mayor gloria de las tetas de Jane Russell, “su descubrimiento”. No transcurrió mucho tiempo hasta que todo el mundo en la RKO asumió que en última instancia el único criterio que contaba en la nueva etapa era muy simple: “tetas”. La fijación de H. H. por los pechos de las mujeres llegó a convertirse en el verdadero motor de la productora. El tema le interesaba y le inquietaba hasta tal punto que podía reflexionar largamente sobre la forma en que el pecho de una actriz se ajustaba a una prenda. Si por ejemplo consideraba que en determinada escena el pecho de Jane Russell tenía una forma poco natural una fiebre le poseía, H. H. se encerraba en su despacho y entonces redactaba de tirón un documento de docenas de páginas en las que explicaba que el pecho de Jane no estaba operado y que por tanto era necesario encontrar un nuevo tejido o una nueva prenda que no distorsionase su bella forma. En el documento había indicaciones claras sobre cómo debía ser la prenda en cuestión y en su razonamiento manejaba términos pertenecientes a la física y a la geografía cuando aludía a los pezones de Jane. Por supuesto, la escena que le disgustaba era desechada y volvía a filmarse siguiendo las nuevas indicaciones. Lo de gastar miles de dólares de las maltrechas arcas de la productora era lo de menos. Se trataba de que los pechos de Jane Russell luciesen bien en pantalla y no llevasen a engaño.

Poseído por esta fiebre un día H. H. tuvo una revelación: sería increíble juntar en una película los pectorales más poderosos y espectaculares del momento: los de Jane Russell y los de Robert Mitchum. Una pareja así tenía que excitar por necesidad a todo el país, de costa a costa y de norte a sur. Sería el tipo de película que todo el mundo querría ver. Los pechos de Jane Rusell rodeados por los masculinos brazos de Mitchum. Seguramente Hughes imaginó a las dos estrellas practicando sexo y la visión tuvo tal efecto que tuvo que masturbarse varias veces para espantar el ardor y poder concentrarse seriamente en el proyecto.

La película que nació de la visionaria idea se tituló His Kind of Woman (1951), un vehículo hecho a la medida de sus estrellas. Una historia de cine negro que requirió la colaboración de numerosos guionistas y al menos dos directores, John Farrow y Richard Fleischer. El argumento era sencillo: un gángster exiliado en Italia quiere regresar a los EEUU y para burlar al FBI se le ocurre entrar en el país desde Mexico con una nueva identidad: la de un jugador solitario (Mitchum) a quien nadie echará de menos en caso de desaparecer. Un cirujano plástico se encargará de ponerle su cara. Para cumplir el plan atraen a Mitchum a un recóndito refugio mexicano ofreciéndole 50.000 dólares. Allí, se supone, debe cumplir una misteriosa misión. En ese lugar coincide con una bella buscavidas, amante de un egocéntrico actor (Vincent Price) y entre ellos, claro, surge la pasión.

El rodaje de la película fue una auténtica locura, como todo lo que hacía H. H. Constantes cambios en el guión, de vestuario, escenas filmadas y vueltas a filmar por las más peregrinas razones, constantes cambios en el reparto y un calendario de rodaje que se alargaba sin que nadie viera el final de todo aquello. Esto mismo le sucedía a otros proyectos que estaban en marcha. En la RKO se amontonaban las películas inconclusas por razones similares y porque H. H. dedicaba toda su atención a su juguete erótico “His Kind of Woman“. Mientras tanto el presupuesto de la película no paraba de subir y el barco del RKO hacía aguas por todas partes.

Se puede decir que la historia del rodaje de la película es mejor que la misma película pero eso no significa que la película sea mala. Lo maravilloso de todo esto es que un rodaje tan caótico dio como resultado una película estupenda. La película es atípica, durante la primera hora no sabes de qué va y solo ves a un grupo de personajes pasar por escenas que no van a ninguna parte. Esto causa extrañeza en el espectador-se la ha llamado un anti-noir– pero lo gracioso es que la película entretiene. Será por Mitchum, Russell o Vincent Price pero la película funciona y pese a toda la locura que la rodeó terminó siendo bastante coherente. Los excesos se dejan notar en algunos aspectos, como el cambio de peso de Mitchum que varía según las escenas. A causa de lo prolongado del rodaje en unas partes aparece más delgado y en otras más gordo. También se le perdona a la película su exagerado metraje -dos horas para una historieta que cualquier artesano de la serie B se hubiera ventilado perfectamente en 80 minutos. El final también es atípico. En lugar de una conclusión rápida como solía suceder en este tipo de películas al final hay una larga escena llena de acción y violencia al estilo de las que se gasta el Hollywood de ahora en esos blockbusters que parece que no van a terminar nunca. Está claro que H. H. era un visionario y que disfrutaría con las películas de Michael Bay (eso sí, no entendería la obsesión de Bay por los negros musculados).

En cuanto a la química sexual de sus protagonistas tampoco andaba equivocado. Cierto que vista hoy la película no resulta tan “atrevida” pero es innegable que las espaldas de Mitchum y los pechos de Jane forman una pareja estupenda. Resulta fácil imaginarlos follando como leones y el contraste hipermasculinidad/hiperfeminidad es un espectáculo muy agradable de ver. H. H. quedó tan entusiasmado que volvió a explotar ese contraste en Una aventurera en Macao (1952).

Mitchum y yo

Posted in Books with tags , on 06/08/2012 by insermini

Un 6 de agosto (de 1917) nació Robert Mitchum así que es el día perfecto para contaros que he leído su biografía, escrita por Lee Server. Es un tocho que se lee fácilmente y repasa de manera exhaustiva la carrera de Mitchum. En general las biografías son como espejos deformantes de la figura que retratan y hay que leerlos siempre con la mirada torcida. En el caso de Mitchum, que siempre se divirtió inventando historias y anécdotas que nunca le habían sucedido es especialmente necesario. Además se agarraba unas borracheras que le reseteaban el cerebro y luego tenía que rellenar las lagunas de alguna manera. La cuestión es cómo ha afectado el libro a la imagen que yo tenía de Bob. Durante su lectura he visualizado cosas como una lluvia dorada de Mitchum a Ava Gardner y eso es más de lo que esperaba. También me ha impactado la historia de una cena con Charles Laughton y Paul Gregory, director y productor de La Noche del Cazador. A Mitchum le sucedió lo que a muchos heterosexuales cuando se saben rodeados por hombres gays, pensó que Laughton y Gregory se morían por comerle la polla. Así que de pronto Mitchum se levanta de la silla, se saca la polla, la pone encima del plato que tiene delante y le echa unos chorros de ketchup. Entonces se dirige con una sonrisa a sus colegas y les dice: ¿Quien quiere hamburguesa? Esta historia la contaba Mitchum como cierta aunque es bastante seguro que era pura invención. Su sentido del humor muchas veces dejaba bastante que desear.

Mi parte favorita del libro es justamente la parte que menos habla de Mitchum y merece claramente un spin-off. Es cuando se relata la llegada a la RKO de Howard Hughes y cómo fue su desastrosa gestión. Hughes convirtió la RKO en su harén particular y consiguió hundir para siempre al estudio. Los criterios que seguía a la hora de decidir los proyectos estaban más relacionados con los pezones de sus estrellas que con los guiones que le llegaban. Mitchum le pasaba por alto todas la excentricidades porque le había apoyado más que nadie en Hollywood cuando lo metieron en la cárcel por fumar marihuana.

A menudo Mitchum iba fumado a los rodajes, se hacía unos pakalolos antes de rodar, iba al set, hacía sus tomas y volvía a la caravana para hacerse otro pakalolo. Nadie, ni siquiera el director notaba nada, decía sus frases sin mayor problema y jamás se le olvidaba una línea. Claro que luego la crítica le bautizó como Sleepy Eyes porque decían que Mitchum no hacía nada en la pantalla y sus ojos eran como rendijas.

El libro de Lee Server confirma la imagen de antiestrella de Robert Mitchum. Su comportamiento no tenía nada que ver con lo que se esperaba de una estrella de Hollywood y no se tomaba en serio prácticamente nada, era de esos actores que ni siquiera se molestaba en ver sus películas. Se burlaba de los que se tomaban muy en serio a sí mismos, tipo Kirk Douglas, y también de los nuevos métodos de interpretación como el de Stanislavski. Él siempre defendió que tenía su propio método, el método Smirnoff.

Después de leer su biografía, Mitchum me parece un personaje aún más misterioso que antes y eso me gusta. El libro no oculta su parte menos agradable y refleja sus contradicciones sin intentar explicarlas. Por ejemplo, es desconcertante pensar que Mitchum, que detestaba a los polis en todas sus formas -rechazó papeles como el Popeye de French Connection o el de Harry El Sucio–   se tirase horas hablando de lo necesaria que era la guerra de Vietnam. El mismo Mitchum que leía y admiraba a Simone de Beauvoir.

Si en algo ha cambiado la visión que tenía de él es que ahora le veo como un superhombre. Sin una genética especial no se podría llevar una vida tan excesiva como la suya y acudir puntualmente a los rodajes. Su biografía es algo así como un cruce entre Bukowski y el Hollywood clásico.

Por cierto ¿Alguien sabía de la loca historia de amor de Mitchum y Shirley McLaine?

Desenfunda, vaquero!

Posted in Movies with tags , , on 25/07/2012 by insermini

Me ha gustado mucho El Dorado, una bonita historia de amor entre dos pistoleros maduros (Wayne y Mitchum). Me he dado cuenta de que en el Oeste cuando dos hombres querían tener sexo buscaban cualquier excusa tonta para darse puñetazos. Tengo que ver más westerns. Quizá pueda hacer un “Pistoleros Maricas”.

Obsesión

Posted in Movies with tags , on 06/06/2012 by insermini

Dime, Bob, ¿cuando dejaste de gustarme para convertirte en obsesión? No temas, lo que siento por ti es puro, no es algo pervertido como lo de Rod. Algún día te escribiré una larga carta. Quizá así consiga entenderlo.

Incidente en Cannes

Posted in Movies with tags , , , on 19/05/2012 by insermini

Cannes, 1954. Robert Mitchum posa en la playa con la aspirante a estrella Simone Silva. Ella decide desprenderse del top y posar en tetas. Los flashes se vuelven locos, la multitud se agita nerviosa y varios fotógrafos resultan heridos. Después del escándalo la organización invita a Simone a abandonar el Festival pero el revuelo ha cruzado fronteras y desde Hollywood le ofrecen un contrato.

Tristemente, nada de esto evita que Simone se suicide en 1957, con tan sólo 29 años.

(Un post fusilado de aquí).

Mr. Allison

Posted in Movies with tags , on 17/01/2012 by insermini

Robert Mitchum en Heaven Knows, Mr. Allison (1957).