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Todo sigue igual: a propósito de Toni Erdmann

Posted in Movies with tags on 30/01/2017 by insermini

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Ya dije que este año quería enchufarme un poco más al cine que se estrena en los cines, que quería redigir mi antena y observar con interés y mirada inocente lo que se estrena ahora mismo. Hacerle una finta a la tiránica playlist y de paso mostrarme a mí mismo que no soy un cenizo, que todavía me interesan las cosas nuevas. Con ese espíritu, me fui al cine a ver Toni Erdmann, de la que prácticamente no sabía no sabía nada. Sólo me había llegado el ruido que estaba generando en el mundo premios y festivales. Es una coproducción alemana-austríaca-rumana de casi 3 horas, dirigida por una mujer, sin duda de futuro prometedor, que a lo mejor al final es sólo la nueva Lone Scherfig (por cierto, dónde anda??) o la nueva Susanne Bier (que ahora dirige TV movies en los USA).

La película empieza con una escena bochornosa en la que el señor del título recibe a un mensajero que le trae un paquete. Me asusté mucho en este momento porque si ese iba a ser el tono de la película la había cagado pero bien. Hubo risas en la sala cuando el tipo dijo nosequé de un hermano que enviaba paquetes bomba. Miré a mi alrededor. La media de edad en la sala era de 60 y pico. Yo me había gastado 9 euros. Más o menos mi presupuesto para toda una semana. Me temí lo peor. La película continuó. Miré la hora por primera vez a los 50 minutos, que se pasaron rápido, pero a la vez, ya tenía claro que aquello no iba conmigo. Toni Erdmann aborda la problemática familiar, aporta una mirada humana (dicho esto con sentido peyorativo) a la fría relación entre un padre y una hija. El padre utiliza los recursos que usaría un profesor de teatro de una Universidad cualquiera para derribar las barreras que hay entre él y su hija. Se pinta la cara, se pone unos dientes, una peluca. Hace chistes sobre tortugas. Todo muy dèja vu y muy Sra. Doubtfire. En mi desaliento me dije que si la película era una mierda, al menos debía verla hasta el final, porque había pagado 9 euros. Siempre me puede servir para hacer una entrada en el blog, pensé, muy, pero que muy abatido.

Si voy al cine a ver una película como esta, tan jaelada por la crítica y por los palmarés de medio mundo, espero algo que vaya más allá, y pienso que precisamente el tema de las relaciones familiares pide eso, una película que hable claro de una vez sobre el porqué la unidad familiar está tan demodé y es tan urgente cuestionarla. Me hubiera gustado una visión que no se quedara en la epidermis, que no fuera tan jodidamente básica y mostrara de una vez por todas lo artificial que es y lo superado que está el concepto familia. Toni Erdmann no dice nada que no supiéramos. La hija es fría, robótica, sólo le interesa trepar en las grandes corporaciones, no está interesada en tener una vida humana. ¡Pues viva ella! La entienda o no, su actitud me parece una elección personal suya y la respeto. En cambio el personaje del padre es insufrible, y se supone que para nosotros, los espectadores que hemos pagado la entrada, es el modelo a seguir. Pues bien, es un hombre horrible y verle con sus estilismos divertidos, daña la vista. Se agradece que no dé demasiados discursos, eso hay que señalarlo.

Todo este aparato de 3 horas constituye el nuevo fenómeno del cine de autor, que sólo interesará al final a jóvenes impresionables y a ese público que aún lee revistas de cine. La progresía de siempre también la celebrará, se sentirá identificada y quizá incluso se escandalice con algunas escenas. A esa gente le digo que se mire otra película alemana de los primeros 80 Taxi zum klo. Pero no quiero ser tan destructivo, reconozco que la llegada de la asistenta a la fiesta de cumpleaños me pareció muy graciosa.

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La sensación al abandonar la sala fue la misma que tengo cuando veo en la tele los anuncios de esos coleccionables sobre la cosas más peregrinas, que se repiten año tras año. Tú piensas: ¿pero en serio la gente sigue comprando estas mierdas?? Pues lo mismo me pasó con T. E. . ¿Todavia caemos en esto? Más que con la película, que al final, se deja ver, me enfado con que demos por normal que una mediocridad como esta esté encumbrada por críticos y público. Lo que al final pienso es, por favor, ¿podemos evolucionar? Yo hubiera salido contento del cine si hubiese al menos un punto de vista nuevo. Quizá el problema es simplemente que fantaseo siempre con un cine que se esfuerce por trascender el cliché, que se salga de los ciclos que desde hace un siglo se siguen repitiendo. Es todo una fantasía, porque esto no sucede ni en el cine ni en ningún otro campo o faceta de la vida. Estamos condenados a repetir los mismos ciclos, los mismos errores, a contentarnos con lo que ya nos sabemos. De ahí que un Festival como el de Cannes, en 2016, le dé el premio grande a I Daniel Blake, otra de las películas que me aventuré a ver hace poco poseído por este espíritu conciliador. Aquello sí fue un gran drama que no quiero rememorar. La película de Ken Loach, si es que alguien la ha visto, es el ANTICINE. Más de un siglo de cine para llegar a esto. Darle la Palma de Oro es como expedir el certificado de defunción al Cine. En ese marco el fenómeno Toni Erdmann es posible.

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